Go to content Go to menu

Necesitaba un descanso

sep 14, 19:06

Ayer me pasé el día leyendo. Me gano la vida escribiendo, y eso significa también que leyendo, pero mi adicción a la palabra impresa es tal que incluso cuando descanso tengo que hacerlo con un libro delante de los ojos. O por lo menos una pantalla con suficiente material interesante como para mantenerme delante de ella el rato que haga falta. Sin embargo, aparte de leer las noticias deportivas, no hice mucho caso de internet ayer. Me tumbé en el sofá y me puse a leer. Cerca de la hora de comer, salí a dar un breve paseo para airearme un poco, comprar tabaco, pan y el periódico. La Plaza Irlanda estaba llena de gente, entre niños en bicis alquiladas, padres vigilantes, jugadores de fútbol, personas que paseaban o compraban algo en el mercadillo de frutas y verduras que se instala por el lado de Donanto Álvarez los domingos (y por el de Neuquén los miércoles). El café al que voy habitualmente estaba lleno de lectores de periódicos y gente que no se calla. Di un rodeo para volver a casa, extendiendo un poco el paseo por el buen día que hacía.
Luego hice la comida, pasta con una salsa picante de mi invención (no me pidan la receta porque pruebo distintas maneras de hacerla cada vez, según lo que tenga a mano), y con el café volví al sofá y a mis libros.
Digo libros porque no soy capaz de leer una sola cosa a la vez. Cuando llego a un punto en el que me cansa lo que estoy leyendo, me paso a otro libro, un hábito del que llevo años tratando de apartarme, pero me cuesta. (Del tabaco sólo intenté apartarme una vez, y eso fue por un plazo preestablecido de dos semanas).
Lo que leí: Los anillos de Saturno y After Nature, de W.G. Sebald. Zona, de Mathias Enard y El río sin orillas, de Juan José Saer.
El descanso al que aludo en el título de este post se dió no tanto por leer, sino por no pensar en cosas que tengo que escribir ni ponerme a escribirlas. No abrí un solo cuaderno (siempre llevo varios a la vez, aunque no por proyectos sino por usar el que más me apetece en cada momento), no abrí ninguno de mis blogs ni un programa de texto en el ordenador. Fue verdaderamente refrescante simplemente leer por placer.


Mercurio en la City IV

sep 11, 19:21

Entrando en la Galería Güemes por la calle San Martín, llegando a los primeros ascensores a la izquierda, se encuentra dos estatuas flanqueando la puerta, una de Mercurio y otra de Venus, su esposa, y diosa de la fertilidad, principalmente de la tierra, aunque luego se le hayan dado tintes eróticos.

Esta Venus sostiene el caduceo, la vara con las serpientes, emblema de Mercurio, con la mano derecha. Nunca había visto una Venus sosteniendo el caduceo, eso fue lo primero que me llamó la atención de esta pareja. Si la fertilidad de la tierra y el comercio están casados, como indica esta pareja mitológica, en Argentina, calculo que el comercio de granos, principalmente el trigo en 1915, cuando se construyó esta galería, debía ser toda una declaración de intenciones casi políticas: la agricultura sin comercio no es viable, el comercio depende principalmente de la agricultura. O por lo menos esa es la versión que les interesaba a los bancos y a las empresas de exportación de granos, la mayoría de capital extranjero, ya que el local no quería saber nada de esto.
Los grandes capitalistas del campo argentino se dedicaban principalmente a la ganadería vacuna y ovina. Alquilaban parcelas a los chacareros, pero no se involucraban ellos mismos en la agricultura. Como tampoco se molestaron en invertir en la exportación de granos, llegaron, a finales del siglo XIX, varias empresas que se dedicaban a eso, como Louis Dreyfus y Bunge & Born.
Mercurio, en lugar del caduceo sostiene otra vara cuyos detalles cuesta ver desde el nivel del suelo. Hice fotos pero iba tan cargado de cafeína y al no encontrar un punto de apoyo, con el tembleque de la mano, la imagen de Mercurio quedó algo borrosa. De eso me di cuenta cuando, ya en casa, la descargué en el ordenador y la amplié. Pero parece que no se trata de una vara sino de una antorcha. Yo confundí, a primera vista, el mango de la antorcha con la capa que cae de cierta manera, para interpretar que aquello era una vara. Si de eso se trata, entonces, tenemos un Mercurio que sostiene en su mano la luz del conocimiento, de la abstracción.
Como ya comenté antes (Mercurio en la City I, II, III), muchos emblemas mercuriales en la City tienen una iconografía similar, dando a entender que el comercio, la conversión de las cosas, sobre todo de los frutos de la tierra, en dinero, es una operación hacia lo abstracto. Y no hay nada más abstracto que el dinero, sobre todo, cuando se lo separa del patrón oro. Hoy en día el dinero se ha vuelto tan abstracto que se mueve más por redes electrónicas que de mano en mano.


Ocho visitas guiadas por la ciudad

De Eternautas: Ricardo Watson, Lucas Rentero y Gabriel DiMeglio
Editorial Aguilar, 2007

Este libro parece que es más para leérselo en casa, apuntarse los lugares, o trazar el recorrido en un mapa, y luego salir a verlos. Para mí, hace un par de años, siendo nuevo en la ciudad y no conociendo su historia, resultó sumamente útil pero, de hecho, no lo he leído mucho en casa, sino en la calle, en los bares o sentado en un banco en una plaza. Lo tengo bastante gastado y hasta un poco manchado, como debe ocurrir con cualquier libro que se pretenda una guía.
El énfasis de este libro está puesto en la historia y la arquitectura. Se trata de contar cosas de lo que está visible a simple vista, dando un paseo por la ciudad, e incluso de lo invisible… porque ya no existe. Aquí encontré, por ejemplo, la primera referencia que tuve del Pabellón Argentino de 1889, que ha llegado a convertirse en una pequeña obsesión para mí.
Los autores llegan al lector con una prosa limpia y tranquila, no exenta de humor. Creo que, como guías que son, entienden esto de hacer divertida e interesante una visita. No sé por qué reimpresión irán ya, pero lo que tengo claro es que tienen un público receptivo, interesado por la ciudad en la que vive. He acudido a un par de sus tours y siempre he aprendido más de una cosa.
Buenos Aires tiene historia es uno de los libros de cabecera de este blog. No cobramos nada por reseñarlo y recomendarlo, por si hace falta decirlo. Sólo se nos ocurre que a las personas interesadas por averiguar qué es lo que están viendo cuando caminan por la ciudad o van en el colectivo, o en coche, cada mañana al trabajo, esta es una obra que vale la pena consultar.



Fui muy viajero en otras épocas, pero ahora hace meses que no salgo de Buenos Aires, y con la excepción de un par de excursiones por el Tigre o Avellaneda, que no salgo de Capital. Aún así el instinto viajero no se pasa, por la mañana cuando salgo de casa cargo mi mochila casi con lo mismo que llevaría para algo más largo. Evidentemente, no llevo ropa, y rara vez el portátil, pero pensé que tendría cierta gracia contar el contenido de mi mochila en estas excursiones que hago por la ciudad en busca de material para BAI.

La mochila que uso para moverme por la ciudad es la más pequeña que he encontrado que no sea en bandolera, a veces con el cansancio de un día largo en la calle va bien colgármela a la espalda para distribuir el peso.

  • Guía: esencial para conseguir información rápida sobre mucho de lo que uno va viendo por la ciudad.
  • Navaja multiusos: siempre se le encuentra una utilidad.
  • Botellita de alcohol en gel: la gripe, comer en la calle, esas cosas.
  • Ibuprofeno: para los dolores de cabeza que provoca el tránsito.
  • Combinación lupa, regla, brújula: aunque no lo crean me he desorientado un par de veces, la lupa va bien para ver los numeritos en la guía-T.
  • Multiguía (o Guía-T): esencial para viajar por la ciudad.
  • Lápiz y bolígrafo: siempre estoy anotando algo.
  • Pluma: fue un regalo y es casi un amuleto.
  • Moleskine: donde escribo.
  • Cuaderno Meridiano: donde tomo notas de lo que voy viendo.
  • Teléfono móvil: con grabadora para las entrevistas y una camarita de 2 MP, también me sirve de agenda.
  • Cámara: para fotos más complicadas, o cuando hace falta más detalle (y que, por razones obvias no aparece en la foto).
  • Cartuchera con: Tubo de pegamento, Post-its, mini cutter, goma de borrar, cartuchos para la pluma, minas para el lápiz mecánico, space-pen (para escribir en cualquier posición), clips varios.
  • Un libro: lo que sea que esté leyendo en ese momento, y para aprovechar el tiempo en el colectivo o el subte (tampoco incluido en esta foto).

En pleno Barracas, bien cerca del Riachuelo, se está construyendo el Centro Metropolitano de Diseño (CMD) sobre el solar antiguamente ocupado por el Mercado de Pescado. Buena parte del edificio original se mantiene, aunque muy cambiado y, yo diría, para bien.

Tuve ocasión de hablar un buen rato con Enrique Avogadro, director del CMD, que me contó que la función principal del Centro es “poner en el exterior las industrias creativas”. Esto significa preparar el camino para la exportación del enorme caudal creativo que hay en la ciudad. Enrique define esas industrias como aquellas que utilizan “el talento como principal insumo”. Y Buenos Aires, en ese sentido, posee un capital envidiable quizá sólo igualado por las verdaderas grandes ciudades del mundo: Nueva York, Tokio, Londres, Berlín y, con un poco de suerte, Madrid y Barcelona juntas.

El Gobierno de Buenos Aires se ha dado cuenta de esto y ha montado el CMD para ayudar a convertir todo ese capital cultural en capital financiero. La idea es de las mejores que he visto en la ciudad, aunque también haría falta una financiación más potente para un proyecto así. Esto no lo dice Avogadro, lo digo yo: hay que aclarar. Y lo digo porque hace años que existe el CMD pero no es hasta ahora que se le ha prestado algo de atención. Atención, en términos políticos, no significa otra cosa que un presupuesto que lo haga viable.

LEER TODO EL ARTÍCULO

Feriado

ago 17, 15:18

Hoy es feriado, y yo ni me había dado cuenta. Bueno, me di cuenta el sábado, cuando estaba intercambiando mails para quedar el lunes y se me avisó amablemente que el lunes no se trabaja. Puedo saber perfectamente la fecha, apuntármela en la agenda y aún así no me daré cuenta del feriado.
El otro día hablaba de esto con Pep Izquerdo. Le comentaba que en España me pasaba lo mismo, pero que en cambio me acordaba perfectamente de los días festivos mexicanos. Creo que es algo que se nos mete debajo de la piel en la primaria. Queda grabado en el cerebro de manera tan indeleble que luego, vivamos donde vivamos, nos acordamos de las fiestas patrias del país donde hicimos la primaria pero no de las del país donde vivimos ahora.
No sé cuántas veces no he salido a la calle, tan tranquilo, con una lista larga de cosas por hacer y vuelto a casa a la media hora en cuanto me daba cuenta de que todo estaba cerrado. Así, me olvido de ir a comprar comida el día antes, o pienso que puedo ir a pagar un recibo, cualquier cosa. No lo llevo grabado en el alma, el cerebro, el cuerpo, o donde sea que se graban estas cosas.
Dicen que el olfato nos devuelve instantánea y directamente al pasado en el que percibimos ese olor con más intensidad. Pasa también con las canciones, que enseguida nos traen ciertos recuerdos, ciertas sensaciones. La memoria de los días feriados es algo así como nuestro olfato cívico.
En cambio me ha ocurrido que me levanto de la cama un 16 de septiembre en Valencia, o un 5 de mayo en Buenos Aires, y siento que me puedo tomar el día libre. Pero claro, también sé que estoy viviendo en otro país y me lleva unos segundos repensar la actividad del día.
Visto así, no cuesta nada ver por qué el catolicismo adoptó como propias muchas fiestas paganas, adaptándolas al santoral, o viceversa. Resultaba más fácil adaptar la institución a la gente que no al revés. Lo otro, la supresión de lo anterior, de lo pagano, de lo judío, en Europa, o de lo indígena en América, cuando la Iglesia se sentía más segura de sí misma, ya sabemos cómo salió, cuánta violencia hubo. Y aún así se crearon híbridos, tradiciones mestizas. Es muy difícil, si no imposible, sacar a la gente de sus hábitos más interiorizados.
En fin, hoy es feriado pero no me tomo el día libre. Tengo muchas cosas que hacer, muchos libros imprescindibles que leer (para un trabajo que estoy escribiendo), y hay que comer, ¿no? Creo que haré un guiso bien tradicional.


Fotos de viajeros

jul 31, 20:43


Tengo la manía, la enfermedad del coleccionista. Siempre estoy coleccionando algo; de hecho, este blog es, en sí, una colección que contiene otras pequeñas colecciones: el mapa de bares para fumadores, las confiterías con nombres femeninos a la antigua, los apuntes del natural y no sé cuántas cosas más.
Mi nomadismo me ha movido a virtualizar las colecciones—de otra manera, llevarlas conmigo saldría tan caro que me vería condenado a un sedentarismo permanente y, los más probable, asfixiante. Debo añadir que también se puede ser nómada sin salir de casa, y el coleccionismo es una forma de conseguirlo.

Una de mis pasiones coleccionistas se centra en las fotos antiguas, esas pequeñas que la gente hacía, snap-shots más que nada; con tal de que no sean fotos de estudio, yo feliz. Y siempre las estoy revisando, recatalogando y recategorizando, o siempre encuentro una foto por ahí que me lleva a crear una categoría nueva. Esto, de manera muy evidente, demuestra lo enfermo que estoy de coleccionismo.
Una categoría reciente, por ejemplo, es esa a la que pertenecen las fotos que aparecen en este post y que le da el título: las que se hacían a la partida o la llegada de un viaje. Todavía no sé qué es lo que me fascina de estas fotos: puedo garantizar que la nostalgia no entra en juego. Creo, más bien, que lo que celebro en ellas es un entusiasmo por el viaje, por el transporte, por el movimiento y el encuentro con el mundo. Quizá ustedes tengan mejor idea que yo sobre qué es lo fascinante en estas fotos. Me gustaría saberlo.
Las dos fotos que aparecen en este post son argentinas, o lo doy por supuesto ya que las compré en Buenos Aires. La primera en el mercado de San Telmo, la segunda en Parque los Andes, en el mercadillo que arman ahí los fines de semana.
Por cierto, esa foto de arriba, ¿será de un tren que iba, o volvía de Mar del Plata?


Disculpa y anuncio

jul 30, 19:12

Últimamente, hemos estado hasta arriba de trabajo, así que no hemos hecho mucho con el blog. Esta es, hasta cierto punto, la típica disculpa del bloguero que no cumple con sus lectores. Siempre me estoy prometiendo seguir con la regularidad establecida, pero a veces, las horas no dan.

El anuncio es que estoy probando en Twitter para ir contando, con toda brevedad, las cosas que voy haciendo para el blog, ideas, cosillas fugaces que a menudo no dan para un post entero. Espero que eso también les interese.


Una agenda encontrada

jul 21, 07:05


El otro día me encontré una agenda de 1948. Trae bastante información útil, incluso para ahora, e información que viene muy bien en términos arqueológicos. Por ejemplo, una lista de los principales cines de la ciudad, que en aquella época eran más de los que hay ahora, sin contar los de barrio. También incluye un mapa del centro como el que venía en una tarjeta calendario que ya comenté.

Además, como se puede ver aquí abajo, venían mapas del subte, con listas de conexiones con los tranvías, que por entonces todavía existían (desaparecieron después de 1958, gracias a la presión del gobierno norteamericano y la General Motors, que quería vender sus autobuses).

Hay para sacarle mucho jugo a esta agendita, que cabe perfectamente en la palma de la mano. Ya lo iré contando y mostrando en los siguientes posts.


Dos apuntes

jul 17, 18:20

Uno
El otro día salí a dar una vuelta por el centro con dos jóvenes españoles recién llegados que me habían contactado por medio de este blog. Ana y Alberto vinieron a Buenos Aires para completar sus investigaciones sobre temas literarios.
Una cosa que me contaron y me llamó la atención es la decepción que sintieron al ver la ciudad sus primeros días aquí. Y es que la Buenos Aires que sigue trascendiendo es la ciudad europea, la París de Sudamérica. Pero esa decepción iba acompañada de una sensación de alivio: esta no es una ciudad museo como las europeas, es una ciudad viva, vibrante, intensa y peligrosa. Peligrosa en el buen y en el mal sentido.
En el malo, está la consabida inseguridad, que yo no noto distinta de grandes ciudades como Madrid. En el bueno, están todas las tentaciones: la noche, los cafés, las librerías, los teatros… todo lo que te alivia del dinero, muchas veces porque quieres y otras porque no fuiste capaz de resistir.
Pero es verdad, Buenos Aires, a primera vista, decepciona. Es cuando uno empieza a explorar la ciudad que ésta se vuelve fascinante. Y si uno se pone a echarle un vistazo a su historia, todavía más.

Dos
Acaba de aparecer un artículo en el New York Times sobre algunos cafés de Buenos Aires. Todos son de la lista de Notables, todos conocidos. Lo interesante de la nota es que se refiere a lugares donde no la cuenta no significa que uno tenga que pedir asilo económico en casa de familiares.
Hace unos meses hablaba yo con el Conserje de uno de los hoteles más caros de la ciudad y me contaba que la ocupación en el hotel había caído un 40% en el último año.
En ese mismo período, cerraron decenas de restaurantes, sobre todo de los caros. Lo que he oído es que se pasaban muchísimo con los precios, y esto por dos razones: una es que estaban dirigidos al turismo extranjero, al que había que sacarle la plata lo más rápido posible; otra es que los dueños de los locales pensaban lo mismo en cuanto a los restauranteros y los alquileres eran brutales.
Pero permanecen los sitios tradicionales, cafés y bodegones, algunos descritos en el artículo del NYTimes. Son los mismos a los que he ido siempre desde que vivo aquí.


Hace un par de semanas, íbamos con el padre de Carolina en su coche y vimos un taxi que llevaba el número de licencia: 1. O sea, el heredero de la primera licencia de taxi que se otorgó en Buenos Aires. Era de noche, ya tarde, el taxi nos adelantó y se perdió en el tráfico; me quedó una sensación como de haberlo soñado.
Y anoche lo soñé. Soñé que un amigo mío español venía a Buenos Aires de vez en cuando a ver a su novia, que tenía un café en Palermo. El padre de la chica tenía dos taxis, el de licencia número 1, y otro de licencia de 5 cifras. Según la lógica del sueño, mi amigo, en Buenos Aires hacía su trabajo y además conducía el segundo taxi del padre de su novia.
Yo iba en otro taxi y veía el de mi amigo aparcado delante del café de su novia. Le pedía a mi taxista que parara, le pagaba y entraba en el café. Le reclamaba a mi amigo no haberme llamado al llegar. El me contaba que acababa de llegar, se había duchado (y en efecto, llevaba el pelo mojado), estaba comiendo algo y se lanzaría en pocos minutos a la calle con el taxi. Me presentaba al padre de su novia, a quien yo le celebraba el número de matrícula de su coche. El me contaba que la había comprado su padre en los años 40, pero que, claro, era mucho más antigua. Nos quedábamos charlando un rato, mi amigo se iba, arreglábamos para vernos más tarde y yo también me iba.
En eso me desperté, o me despertó el ruido de la lluvia que, mientras escribo esto, sigue cayendo sobre Buenos Aires. Todavía estaba oscuro, pero me levanté igual: había que dedicarle un tiempo a los blogs.


La gripe A

jul 4, 06:20

Hace un rato me llegó un mail de la Biblioteca Nacional en el que se anuncia que la Biblioteca suspende sus actividades durante las próximas 3 semanas debido a la gripe A. No es que haya ningún caso en la biblioteca, lo hacen por precaución.
Hoy salió el nuevo Ministro de Salud para decir que es probable que haya unos cien mil casos en la Argentina. Está claro que la anterior ministra dimitió porque no la dejaban declarar el estado de emergencia antes de las elecciones.
El virus no se propaga por el aire, a menos de que alguien te tosa o estornude en la cara, supongo.
Se propaga principalmente por el tacto. Todos tocamos a diario objetos públicos: el dinero, las barras o anillas en los colectivos o los subtes, ese tipo de cosas. La mejor prevención es lavarse las manos a cada rato con agua y jabón. En la calle, si no hay un lavabo cerca, hay que usar alcohol en gel. Pero con agua y jabón, bien lavadas las manos, es suficiente.
Y no es que se transmita por la piel, es que luego uno se toca los ojos o la nariz y entra por las mucosas. Es algo que uno hace de manera casi inconsciente, por eso lo de lavarse las manos.

Una última nota: el dinero. El dinero es un instrumento de comunicación que sirve para establecer contacto entre distintos objetos que no serían valorables de otra manera, o lo serían de manera totalmente inestable. Por ejemplo, cómo comparamos el valor de un libro y el de un corte de pelo o el de un kilo de tomates. El dinero pone todas las cosas en comunicación unas con otras. También a las personas nos ayuda a comunicarnos. Al pasar de mano en mano, sin embargo, y en casos como el de la gripe A, el dinero comunica valor, pero también, el dinero físico, las monedas y los billetes, comunica el virus.