Un mirón en Buenos Aires
mar 4, 12:55
Para Pep Izquierdo
No sé bien si en los tiempos que corren (como siempre buenos y malos a la vez, según quien los viva) tenga sentido o sea buena o mala idea comentar que una de mis aficiones favoritas es sentarme en la terraza de un café a mirar—no a la gente, así en general—sino a las mujeres que pasan. Con el tiempo que llevo en Buenos Aires, creo haber descubierto que uno de los mejores sitios para mi humilde vocación de flanêur, o simplemente de mirón, es la esquina de Tucumán y Rodríguez Peña. Ya ahí, me acomodo ante una de las mesas del café Mar Azul, me pido un carajillo y dejo que se me salgan los ojos de la cabeza… como en los dibujos animados.
Por esta esquina pasan mujeres para todos los gustos. Hombres también, supongo, pero no he prestado atención. Como se trata sólo de observar, sin molestar, sin fijar la mirada en nadie, sin decir nada, puedo practicar mi afición sin prejuicios. Me puede llamar la atención alguna parte de un cuerpo, o una forma de caminar, o un estilo al vestir, o un rostro particularmente bello, o un gesto, una actitud, incluso una voz.



