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Día de mercado

ago 24, 10:37


Las tradiciones se inventan. Con muchas, lo que ocurre es que nadie recuerda las circunstancias o el momento de su invención. Así, las tradiciones, más que de la memoria, son hijas del olvido.
En Valencia llegué a compartir una tradición milenaria. Los amigos teníamos la costumbre de ir al mercado los sábados por la mañana; hacíamos la compra semanal y después nos íbamos a tomar una cerveza y unas tapas. Nos contábamos las vidas, intercambiábamos información, sembrábamos proyectos… Esta compra del sábado era siempre una cuestión social: convertíamos lo necesario en algo más, en una ocasión para el encuentro.

No íbamos a supermercados, claro. En Valencia hay varios mercados a los que vale la pena ir, y nuestro favorito era el Mercado Central, que da espacio para pasear—otro ambiente—y para encontrarse. Como los shoppings de ahora, pero sin el aislamiento individualista de cada comercio. Los amigos valencianos que estuvieron aquí hace poco me recordaron esta tradición de los sábados, y me ayudaron a recuperarla e incluirla en mi nueva vida en Buenos Aires. A Carolina le encantó, por lo que hemos decidido mantenerla.>Y así es como lo haremos: se trata de ir al Mercado del Progreso, en Primera Junta, entre las 11 y las 12 h., hacer la compra y luego caminar unas pocas cuadras hasta el Café Jonathan (Formosa y José María Moreno), donde tienen una excelente terraza y precios que no están mal.
Lo haremos todos los sábados. Si alguno de ustedes quiere venir y encontrarse con nosotros no tiene más que echarme un mail por medio de la página de contacto. Estoy seguro de que les gustará la experiencia y repetirán.Por cierto: en los mercados uno acaba comprando bastante verdura, y eso cambia la vida. Porque si cambia la manera de comer, cambia todo…
¿Nos vemos, entonces?


Este fin de semana teníamos que comprar algunas cosas para la casa y nos lanzamos a los bazares que quedan a partir de la esquina de Jujuy y San Juan. La mayoría se anuncia como “bazar gastronómico”, o sea un comercio donde venden de todo para bares y restaurantes: cuchillos, vajilla, baterías de cocina, toda clase de vasos, copas, tazas, equipamiento profesional… de todo. Y los precios son insuperables. La zona es como un mini-Once pero dedicado a la cocina.
Esto es algo que queda en Buenos Aires y que he visto desaparecer de muchas ciudades europeas: la zona dedicada a un solo gremio. Los estudiantes de sistemas emergentes suelen estudiar este tipo de distribución urbana, donde al parecer porque sí se juntan muchos comercios de un solo tipo. No saben muy bien la razón técnica por la que ocurre esto, pero saben que ocurre. ¡O quizá el que no lo sabe soy yo!
Por la zona también se han instalado muchas jugueterías que venden al por mayor, y unas cuantas papelerías.
Por cierto: nosotros íbamos buscando y compramos una cafetera Volturno y un juego de tazas, que buena falta nos hacían: no se puede ser hospitalario si no se es capaz de servir un café decente.



El otro día, caminando por el Once, de repente me entró una gran alegría. ¡Era el comercio, el tráfico, el tráfago, el movimiento, tanta gente! Era como si estuviera en algún lugar contado por un viajero antiguo, algún mercado del Mediterráneo oriental.
Y sí, buena parte de lo que venden es mercancía bastante cutre, pero ¿qué más da? El comercio tiene un aspecto épico que siempre me ha gustado. Marco Polo era comerciante, aunque en su caso se dice mercader, que suena como algo de más prestigio. Las grandes caravanas y las grandes flotas con sus largos viajes (anteriores a la revolución industrial) eran empresas casi heroicas que existían gracias al comercio, siempre un elemento de apertura y de intercambio cultural. Siempre. La verdad es que no siento ese desdén de la aristocracia y de buena parte de la izquierda por las clases comerciales. El comercio es una suerte de conversación, y en sus mejores circunstancias sirve para acercar a personas de distintas provenencias; sirve para que se entiendan. Es una forma de aproximación al Otro. Las rutas comerciales siempre lo han sido, también, de la información y del encuentro.

He puesto una foto antigua del puerto de Buenos Aires para ilustrar esa idea de intercambio, tanto de mercancías como de ideas, y de las personas que comercian con ambas.

Por cierto, hay un blog sobre antiguos comercios de la ciudad que no está nada mal. Es Comercios Porteños (lo tengo también en el feevy, aquí al lado, que permite ver su última actualización).


Calles y rubros

jul 17, 11:36

En mi cuaderno he ido anotando calles en las que los comercios tienden a especializarse en una sola cosa. El título de la entrada es: “Calles de un solo gremio”. Luego descubrí que aquí, en lugar de gremio, dicen rubro. Lo busqué en el diccionario y pone que rubro se refiere más bien al título de algo, al letrero. Así que llamar rubro a un gremio, o a una actividad económica, como dicen los burócratas españoles, es una innovación, probablemente también burocrática, de aquí.

Estas calles de un solo rubro son muy antiguas. Se sabe que las ciudades se organizaban de esta manera; había una calle de los talabarteros, una de los cesteros, otra de los ebanistas, de libreros, etc. En Valencia, donde viví bastantes años, muchas de las calles de la ciudad vieja todavía llevan el nombre del gremio que las ocupaba; mi favorita: la calle de la cordelería (corretgeria, en catalán); aunque también existe una calle de los juristas y otra de las comedias (ahí estaba el corral de comedias, o teatro, en el siglo XVII).

Alguien me dijo, hace muchos años, que en Calcuta hay una calle llena de cafés con librería, en los que puedes sentarte y pedir un café y un libro. El camarero también es librero. Luego puedes simplemente leer y dejar el libro cuando te vas, o comprarlo. Ir a ver esto siempre ha sido mi única razón para ir a la India; pero no he tenido tiempo. he vivido toda la vida entre libros, y es algo de lo que no me canso nunca. De hecho, lo que más me interesaba de Buenos Aires la primera vez que vine, era recorrer la calle Corrientes, conocida por sus cafés, sus teatros y, sobre todo, sus librerías.

En Buenos Aires todavía quedan algunas calles gremiales. Germinal Nogués, en su interesantísimo Buenos Aires, ciudad secreta, comenta algunas. Yo copio una parte y aporto algo más de información en la lista que sigue.

  • Paraná, entre Rivadavia y Corrientes: electrónica y artículos de pesca
  • Scalabrini Ortiz: lanas
  • Libertad, entre Rivadavia y Corrientes: joyerías; y entre Corrientes y Lavalle, electrónica de segunda mano
  • Lavalle: telas y mercerías
  • Larrea: lencería
  • Defensa: antigüedades
  • Pasteur: relojerías
  • Belgrano: muebles
  • Talcahuano, llegando a Córdoba: ortopedias e instrumental médico; y entre Corrientes y Lavalle, librerías de Derecho

Estas son las que he recorrido, y añado las que me pasa Roberto en su comentario:

  • Vicente López, entre Azcuénaga y Pueyrredón: cabarets y compañía femenina por un puñado de dólares
  • Reconquista, entre Paraguay y Alem: bares pseudo irlandeses
  • Warnes: repuestos y piezas de automóviles, de segunda mano
  • San Martin, entre Corrientes y Rivadavia: bancos y casas de cambio de moneda
  • Godoy Cruz, entre Córdoba y Santa Fe: travestis (hasta que los corrieron al Rosedal)

Pero seguro que hay más, así que conforme vaya sabiendo de ellas, las incluiré en la lista.


Un buen accidente

jun 2, 17:01

Vivir en una ciudad nueva siempre es emocionante. Calles nuevas, gente nueva, burocracia nueva: uno nunca sabe qué se va a encontrar a la vuelta de la esquina. Esta mañana, siguiendo la pista que Jorge Gobbi (con ese apellido desértico) había dejado aquí, me fui a Primera Junta en busca de La Puerto Rico. Antes, claro, había buscado la dirección en la red, pero sólo pude encontrar la página de La Puerto Rico de la calle Alsina.

Así que me fui a hacer turismo. Y ahí es donde encontré el Mercado del Progreso, de cuya página me he robado la foto que aparece aquí. Como no me podía ir sin comprar algo, me llevé unas milanesas; pescado había poco y verduras hay en casa.
Siempre he sido un amante de los mercados. Durante años viví cerca del Mercado Central de Valencia, uno de los mejores que he conocido, y extrañaba ese tipo de lugar en Buenos Aires. No encontré La Puerto Rico, pero encontré el mercado. Te debo un café, Jorge.