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Gótico en La Plata

jul 14, 15:52


El gótico es el estilo arquitectónico cristiano, y de esa manera Occidental, por excelencia. Es un estilo que confiere una especie de autoridad moral al edificio. Supongo que de ahí viene (sin dejar de lado consideraciones Románticas) el neogótico del siglo XIX: una arquitectura que deseaba proyectar una autoridad moral cristiana en el mundo moderno (el de su tiempo, claro). No es de extrañar que en una época de cambio religioso—del cristianismo al culto del progreso científico—el Parlamento de Londres buscara refugio estilístico en el gótico.

Ayer tuve ocasión de pasar por la ciudad de La Plata y visitar su catedral, que fue ideada por científicos cristianos en el estilo que ellos mismos consideraban de mayor autoridad. Lo que me llama la atención es que se construyó utilizando métodos modernos—en lugar de piedra, ladrillo—y que el ladrillo quedara a la vista, como en cualquier construcción industrial de la época. Así tendríamos una especie de híbrido que podríamos denominar gótico industrial.

Hice algunas fotos con el móvil que me parece que vale la pena colgar aquí. No sé si logro, con ellas, transmitir la espectacularidad del edificio.



Me acaba de llegar un mail de Basta de demoler, en el que cuentan que hay un plan para demoler el viejo hospital, cuando existe la posibilidad y la capacidad para mantener un edificio histórico a la vez que se mantiene la función hospitalaria. Es lo que pego aquí:

Sorpresa nos causa la noticia aparecida en el diario La Nación del sábado 21, donde se informa sobre la demolición del Hospital Rivadavia y la construcción de un centro asistencial de alta complejidad.
Queremos destacar que el edificio tiene un alto valor patrimonial y su demolición implicaría una pérdida irrecuperable para la ciudad, no solamente por el valor del arquitectónico del edificio en sí, sino porque conserva las características peculiares de la arquitectura hospitalaria del fines del 1800, que contempla una integración entre la salud y la naturaleza para formar un todo que armoniza un concepto integral de salud de la persona.
El edificio está enmarcado dentro de un bellísimo parque de cinco hectáreas diseñado por el paisajista Eugene Courtois, y donado por Torcuato de Alvear, el primer intendente de la Capital Federal.
Desconocemos qué organismo especializado o profesional competente ha realizado la evaluación del estado del edificio para determinar que “es irrecuperable” , según se declara en la nota. Sí podemos afirmar que el edificio se encuentra en un grado de deterioro que es consecuencia de décadas de falta de inversión edilicia, situación que se repite en gran cantidad de edificios públicos (hospitales, escuelas, sedes de organismos del gobierno porteño) y que no por esta razón deberían demolerse.
Frente a esta circunstancia en que se propone la construcción de un centro asistencial, lo que se debería contemplar es la restauración del edificio existente, y, si fuera necesario, adecuarlo, adaptarlo y ampliarlo, conforme a las necesidades de la medicina actual, respetando y poniendo en valor el edificio y el parque actualmente en funcionamiento.
Por las razones expuestas, Basta de demoler solicitará a la Comisión de Patrimonio Arquitectónico de la Legislatura la catalogación para proteger al edificio y el parque del Hospital Rivadavia de cualquier intervención que atente contra la integridad de los mismos.
Reseña histórica del Hospital Rivadavia (por arq. Marcelo Magadán)
El Hospital General de Agudos “Bernardino Rivadavia”, con el nombre “Hospital de Mujeres”, fue inaugurado oficialmente en 1774, en la calle Piedad (actual Bartolomé Mitre al 800), en la misma cuadra donde se encuentra la Iglesia de San Miguel Arcángel.
Fue denominado Hospital de la Caridad en 1801 y Hospital de la Caridad de Mujeres en 1807. Por 1811 se lo conocía también como Santo Hospital de San Miguel, por contar con el patrocinio de dicho arcángel. La Sociedad de Beneficencia tuvo a su cargo el hospital desde 1852 hasta 1946 en que se lo nacionalizó.
En 1887 se lo trasladó al actual emplazamiento, pasando a denominarse “Hospital General de Mujeres Rivadavia”. Ocupa desde entonces un predio equivalente a cinco manzanas. La piedra fundamental se había colocado a fines de 1880, con la presencia de Fray Mamerto Esquiú, obispo electo de Córdoba.

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Es difícil encontrar información sobre el edificio en Marcelo T. de Alvear 1840. Yo estuve ahí para echarle un ojo al mural de Quinquela Martín que aparece aquí.
El edificio es bastante grande y se le nota el desgaste. Hoy alberga los juzgados de lo comercial y eso significa que por sus puertas han de pasar cientos de personas al día… ¿o miles? Antes de eso perteneció a Aguas Argentinas, que cuando fue privatizada lo cedió al estado. Aguas Argentinas lo había heredado de la antigua Obras Sanitarias. De ahí el mural de Quinquela, que tiene como tema y título “La construcción de desagües” (9 × 7m), y preside la escalera que de la entrada del edificio por Marcelo T. de Alvear 1860. Lo único previo que he logrado saber es que el edificio fue residencia del presidente Alvear, que lo donó al Estado. Mi cámara no da para sacarle una foto decente, o que muestre algo, y tampoco encontré nada en la red. Lo único que está claro es que la calle se llama así por esto.


El Palais de Glace

abr 29, 02:47

Hojeando Buenos Aires tiene historia: Once itinerarios guiados por la ciudad, de Ricardo Watson, Lucas Rentero y Gabriel Di Meglio, encontré un apartado en el que se cuenta el papel del Palais de Glace en la legitimación del tango en Argentina.
El edificio fue primero pista de patinaje, a ruedas y luego sobre hielo, pero un par de años después, quizá 1913, se lo reconvirtió en salón de baile. Y fue en un gran baile en el Palais que dice la leyenda que Antonio de Marchi, introdujo el tango a la aristocracia local. Añaden los autores que los periódicos de la época no dicen nada al respecto.
Yo sospecho que la aristocracia ya estaba acostumbrada al tango, y que lo bailaban en París durante sus viajes habituales, pero que faltaría algo, alguien que se atreviera a bailarlo en público aquí. Faltaba una especie de autorización oficial.
También fue allí que, en medio de una trifulca, Gardel recibió una bala en el pulmón, que nunca fue extraída, pero que tampoco le afectó al cantar.
En todo caso el Palais de Glace dejó de ser salón de baile cuando en 1931 fue transformado en sala de exposiciones, función que sigue cumpliendo hasta hoy.


El punto más alto

abr 22, 03:25

Como dije el viernes me enteré del punto más alto de la capital sobre el nivel del mar en el libro de Zigiotto. Está en Villa Devoto, en la esquina de Mercedes y Francisco Beiró. La altura es de 38,05 metros. Pero tengo una duda. En otra parte del libro Zigiotto dice que el punto cero está en la estrella de ocho puntos que se encuentra en la Catedral, pero esa estrella está a 30,48 metros por encima del nivel del mar. El punto de Villa Devoto, entonces, ¿está a 38 metros de la estrella, o del mar? ¿Está a 68 metros o a 38?

Convenientemente, ahí en el punto más alto, ocupando toda la manzana de Gualeguaychú-José Pedro Varela-Mercedes-Francisco Beiró hay también un depósito de aguas corrientes, construido en 1915-17. En Caballito sur hay otro igual, construido en 1912-14 (manzana de José María Moreno-Pedro Goyena-Beauchef-Valle) que está a 37 metros de altura. Ambos son de estilo francés, con mansardas, que era lo políticamente correcto en la época.


Lo bueno de este blog, y de la red, es que me ha permitido contactar con gente que quizá no hubiera conocido jamás en una ciudad tan grande y, a veces, tan dispersa como Buenos Aires. Hace unos meses, por mail y después en persona, tuve la buena fortuna de conocer a Alejandro Machado, guionista de profesión y, como yo, aficionado a la arquitectura. Esa es una afición que le nació a Machado mientras se recuperaba de una pancreatitis; es innumerable la gente que ha descubierto su creatividad en la convalecencia. Para despejarse la mente y no teniendo coche, Machado se dedicó a pasear a pie por la ciudad. Muy pronto empezó a prestar a los edificios, a sus particularidades, singularidades. Haciendo una lista de los que más le gustaban, se dio cuenta que un buen número pertenecían al arquitecto italiano, Virginio Colombo.

Machado se compró una cámara y empezó a coleccionar Colombos. Poco después, un amigo le enseñó a manipular un blog y colgó las fotos en él. De ahí surgieron otros blogs, dedicado cada uno a un arquitecto singular en la historia de la ciudad. Y fue gracias al blog sobre Colombo que Machado contactó con la Subsecretaria de Patrimonio de la Legislatura de Buenos Aires, la arquitecta Laura Weber. Machado le entregó un trabajo de 60 páginas en el que detallaba la obra de Colombo, y con él, la diputada Teresa de Anchorena, Secretaria de Patrimonio de la Legislatura elevó un proyecto para la catalogación de 81 edificios representativos de la obra de Colombo, entre los que hay 22 que no están catalogados.

Este proyecto es de suma importancia porque nos pone a nivel europeo. Tradicionalmente se han catalogado los edificios individualmente por su valor histórico o estético. Esta es la primera vez que se cataloga la obra entera de un arquitecto en Buenos Aires. Y otra cosa importante: este proyecto surge por la iniciativa de un ciudadano común, interesado en su ciudad, y de personas dedicadas a la política que también están dispuestas a pensar de otra manera e innovar.

Colombo murió joven (se disputa si a los 42 ó 43 años) y nunca fue reconocido por la Sociedad de Arquitectos. Una de las razones era que construía “demasiado”. Y es que aprovechaba hasta el último metro cuadrado construible en un un terreno; no había patios. Diseñó muchas casas de renta, como las de la calle Hipólito Yrigoyen, y en esas casas se juntaban los tres estratos sociales: en la parte delantera, en departamentos grandes, señoriales, de hasta 8 ambientes, vivía la clase alta; en el segundo cuerpo, con departamentos más pequeños y baratos, la clase media; y en el tercero, la clase menos pudiente… cada cuerpo con su propia entrada al edificio, como era la costumbre (socio-económica) de la época.

A Colombo nadie todavía le ha dedicado un libro, como sí a Palanti, a Giannotti y a otros italianos que llegaron al país para el Centenario. La pasión de Alejandro Machado por este arquitecto está dando sus frutos. Incluso, gracias a su blog, descendientes de gente que vivió en casas construidas por Colombo le han escrito y le han agradecido su esfuerzo, que tiene que ver, claro, con la historia estética y social de Buenos Aires, y también con su historia emocional.

Legislación sobre patrimonio

Blogs de Alejandro Machado

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El primer rascacielos

mar 31, 20:06

Toda la información que aparece en este post proviene de Rasacielos Porteños: Historia de la edificación en altura en Buenos Aires, de Leonel Contreras.

Según Contreras, el primer edificio que aparece registrado como rascacielos en el censo es el Plaza Hotel, en la esquina de Florida y Marcelo T. de Alvear. Así es como se lo menciona en el Censo Municipal de 1909. El Plaza, que fue el primer “hotel internacional” de Buenos Aires, tenía 9 pisos de altura, por lo cual no entra en realidad en la definición que Contreras da de “rascacielos”.

En la época, “hotel internacional” significaba un establecimiento de lujo que tuviera todas las comodidades que la tecnología del momento y el arte de la hotelería pudieran ofrecer. Baños en cada habitación, por ejemplo, y ascensores rápidos. También tenía que haber un lobby amplio, donde la gente se pudiera encontrar; el bar debía ser cómodo y ofrecer licores de todo el mundo, además de las mezclas de moda; y el restaurante debía ofrecer cocina francesa (la más conocida) y postres espectaculares.

El Plaza Hotel fue construido por Ernesto Torquist, que vivía enfrente. En esta foto se puede ver su casa, a la derecha. La esquina en sí no se construyó por, se dice, petición de su mujer, que no quería de un edificio alto le tapara el sol de la tarde. Luego se añadió la esquina de una planta que aún hoy sigue ahí. Supuestamente, el Hotel debía ocupar toda la cuadra—eso hubiera sido espectacular—pero la crisis del 30 obligó a vender parte del terreno, y es ahí donde se construyó el Edificio Kavanagh, un rascacielos de verdad.

El que sí entra en definición de Contreras, que es la más o menos oficial, sería el Railway Building, de 13 pisos, en Paseo Colón y Alsina. Este edificio fue construido para albergar las oficinas de las distintas empresas ferroviarias, todas inglesas, como su nombre indica. Se construyó siguiendo lineamientos más o menos clásicos: basamento, desarrollo y coronamiento, este último en mansardas, como era la moda del momento en Buenos Aires.

















El edificio luego pasó a Ferrocarriles Argentinos, y después a Aerolíneas Argentinas; hoy pertenece al Ministerio de Economía. Está claro que muchos edificios importantes de la ciudad han sobrevivido gracias a que pertenecen al Gobierno (en Europa pasa igual).


Algunos garajes

mar 27, 17:36

Siempre he sentido un gran respeto por aquellos que al construir una casa, un edificio, lo hacen con voluntad estética, aunque esté yo en desacuerdo con el resultado. Somos hijos de nuestro tiempo, así que nuestras opiniones, estéticas o morales, pertenecerán a ese tiempo. Esto no quiere decir que no podamos criticar un edificio: es necesario que lo hagamos, pero siempre con la idea de que nuestra crítica se alía con un estilo frente a otro, a menos de que partamos de la misma idea y estemos criticando los defectos en un desarrollo particular.
Pero lo que aquí más me importaba era decir que respeto la voluntad estética de alguien que construye: está construyendo una ciudad para el placer de todos. Y por eso me llaman tanto la atención los garajes ornamentados. Claro está que son edificios puramente funcionales, almacenes de coches. Pero prefiero mil veces encontrarme por la calle con un edificio con cierta voluntad estética que con otro que abierta y vulgarmente carece de ella. Esa voluntad sirve para hacer ciudad, para crear un lugar en donde se puede vivir. Sin ella, la vida es peor, nacida de la fealdad.

Más adelante iré colgando aquí fotos de garajes que me llamen la atención precisamente por esa pequeña voluntad estética.


Alerta: demolición

mar 12, 17:35

Me llega un mail de Alejandro Machado en el que cuenta que están por demoler un edificio de Virginio Colombo, uno de los arquitectos más importantes del Art Noveau porteño.

Es un edificio industrial en pleno San Cristobal y no dudo de que existen excelentes razones económicas y urbanísticas para su demolición. Sin embargo, tampoco dudo de que Buenos Aires puede estar a la altura de las grandes ciudades del mundo, tanto en materia arquitectónica como urbanística. No hace falta trabajar más—con la misma cantidad de trabajo es suficiente—lo que hace falta es usar más la imaginación: imaginar esa ciudad de calibre mundial y poner lo que haya de parte de cada uno para convertirla en realidad.

Este es el link a la página de Machado donde explica lo que está ocurriendo: Virginio Colombo Arquitecto: Alerta: van a demoler la fachada del Depósito de la Ex Fabrica Anda.


Edificio Otto Wulff

feb 21, 04:14

No sé si llamarlo edificio singular, edificio extraño, cosa rara, o fascinante: el edificio Otto Wulff (Avenida Belgrano, esquina Perú). Hacía tiempo que quería escribir sobre él, y por no sé cuantas razones no lo había hecho, pero ayer me llamó el arquitecto Fernando Lorenzi y, entre otras cosas, me urgió para que pusiera manos a la obra. No sólo eso, sino que buena parte de la información que anoto aquí me la proporcionó él. De todas maneras, si hay algún fallo, es mío… y espero que las interpretaciones también.

El Otto Wulff fue la sede de la legación del Imperio AustroHúngaro, desde que se inauguró el edificio hasta que el imperio se derrumbó en 1918-19, con el fin de la Primera Guerra Mundial. El edificio queda, sucio como está, y parece una especie de monumento funerario en honor del imperio. Por dentro no es gran cosa, pero por fuera sigue siendo un ejemplo espectacular del Jugendstil, estilo joven, estilo nuevo, Art Nouveau.

Fue, con una de las primeras estructuras de hormigón armado que se construyeron en Buenos Aires, diseñado por el arquitecto danés Morten Rönnow, autor también de la Iglesia Dinamarquesa en San Telmo. Las figuras del exterior son todas de cemento, no de piedra, como cabía esperar: supongo que ya que estaban con las últimas tecnologías de la construcción, decidieron utilizarlas para todo. De esas figuras, las más llamativas son los ocho atlantes que están casi a nivel de calle. Cada uno representa uno de los artes y oficios relacionados con la construcción: herrero, carpintero, albañil, forjador, aparejador, escultor, y en la ochava, el arquitecto y el jefe de obras.

Más arriba, en el fuste, hay unas esculturas de cóndores de 5 metros de altura. Lorenzi dice que estaba fascinado con la fauna que encontró en la Argentina, así que también incluyó osos, loros, pingüinos y lechuzas. En el mismo nivel, más o menos, se pueden ver unos indios. Hoy eso parecería extraño, pero en la época todavía tenía vigencia el mito del buen salvaje (bueno, todavía la tiene, pero en otro sentido), y les habrá parecido normal representar naturaleza y figuras indígenas una junto a otra.

Arriba del todo hay dos torres, cada una con un depósito de agua para ser utilizada en caso de incendio. Coronando la cúpula más cercana a la calle Perú hay un sol, en honor al Káiser Francisco José, mientras que la otra tiene una corona (parece que se perdió la luna original), por la Emperatriz Sissi: en conjunto ambas columnas celebran la alianza imperial entre Austria y Hungría. La primera parece más grande, por su ubicación, pero en realidad las dos son del mismo tamaño.

Cuando se construyó, con casi 60 metros de altura, y durante algunos años, este edificio fue el más alto de Buenos Aires.

Por cierto, Robert Wright cuenta un encuentro fortuito con el nieto, también arquitecto, de Rönnow; y una oportunidad que tuvo de entrar en el edificio y subir a uno de los últimos pisos.

También, más adelante escribiré sobre la casa que ocupó este mismo solar y sus ilustres moradores.



En la Guía de Patrimonio Cultural del Gobierno de Buenos Aires pone que la casa de María Josefa Ezcurra, de 1836, es uno de los escasos ejemplos de arquitectura civil que quedan de esa época. La casa está en ruinas y la guía indica que no tiene un uso previsto (aunque pertenece al Museo de la Ciudad). Me interesaba verla, y fui a la dirección que da la guía, Defensa 455-463. Pero ahí sólo encontré un edificio de Luz y Fuerza y el Edificio Calmer, racionalista, quizá de los años 40, emplazado en el solar donde nació Manuel Belgrano.

Al no encontrar la casa Ezcurra en la dirección dada, pensé que el error era mío; recorrí varias cuadras por Defensa y alrededores, pero nada. Entonces llamé a Carolina para que me lo buscara en la red. Mientras hablaba con ella iba por Defensa hacia la Plaza de Mayo; me dijo que me volvería a llamar en unos minutos con la información y cortamos. Doblé por Alsina y, de repente, vi la casa. Estaba junto a los Altos de Elorriaga, frente al Museo de la Ciudad y La Puerto Rico. En eso me llamó Caro y me lo confirmó.

En la guía viene esta información:

Durante la época de María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación, esposa de Juan Manuel de Rosas, se celebraban en la casa reuniones y encuentros políticos, como relata José Mármol en su obra Amalia.

No había leído esa novela, así que decidí ir a buscarla. Fui hasta Corrientes. Mi memoria visual me avisaba de que había visto un ejemplar en una librería de viejo la semana anterior. Incluso recordaba exactamente dónde estaba el libro. Compré la edición de Estrada (Buenos Aires, 1944), en dos volúmenes, con prólogo y notas de Adolfo Mitre: por $10, un regalo.

Esta mañana me reía de mí mismo: hace 20 años hubiera leído la novela, 800 páginas, en tres tardes. Pero a los 43 años ya no tengo la paciencia lectora de entonces, han pasado las tres tardes y sólo he leído 300 páginas. También tengo otras muchas ocupaciones, claro.

María Josefa Ezcurra fue amante de Belgrano y tuvo un hijo suyo, que fue criado en una de las estancias de su hermana y su cuñado. Al parecer María Josefa era una mujer de gran belleza.

Pero lo interesante es que en el libro encontré a María Josefa Ezcurra en precisamente en polo opuesto de todo su esplendor. La visión que tenemos de ella es la que permite Mármol, que al estar contra los federales, y al ser esta novela una diatriba contra el régimen de Rosas, la señora Ezcurra aparece como una especie de monstruo.

En la novela, el protagonista envía a su bella novia a casa de María Josefa como espía. Copio fragmentos de lo que escribe Mármol. En la casa hay…

... una multitud de negras, de mulatas, de chinas, de patos, de gallinas, de cuanto animal ha creado Dios, incluso una porción de hombres vestidos de colorado de los pies a la cabeza con toda la apariencia y las señales de estar, más o menos tarde, destinados a la horca… [En la sala estaban] dos mulatas y tres negras que, cómodamente sentadas, y manchando con sus pies enlodados la estera de esparto blanca con pintas negras que cubía el piso, conversaban familiarmente con un soldado de chiripá punzó, y de una fisonomía en que no podía distinguierse dónde acababa la bestia y comenzaba el hombre… seis personajes que, por una ficción repugnante de los sucesos de la época, osaban creer, con toda la clase a la que pertenecían, que la sociedad había roto los diques en que se estrella el mar de sus clases obscuras, y amalgamándose la sociedad entera en una sola familia… [Se va viendo por dónde corren los prejuicios sociales de Mármol] Entretanto, doña María Josefa [...] ponía una sobre otra veintitantas solicitudes que habían entrado ese día, acompañadas de sus respectivos regalos, en los que hacían no pequeña parte los patos y las gallinas del zaguán, para que por su mano fuesen presentadas a Su Excelencia el Restaurador, aun cuando Su Excelencia estaba seguro de no ser importunado con ninguna de ellas… Baste decir, por ahora, que en la hermana política de don Juan Manuel de Rosas estaban refundidas muchas de las malas semillas, que la mano del genio enemigo de la humanidad arroja sobre la especie, en medio de las tinieblas de la noche, según la fantasía de Offmann. Los años 33 y 35 no pueden ser explicados en nuestra historia sin el auxilio de la esposa de don Juan Manuel de Rosas que, sin ser malo su corazón, tenía, sin embargo, una grande actividad y valor de espíritu para la intriga política: y los 39, 40, y 42 no se entenderían bien si faltase en la escena histórica la acción de doña María Josefa Ezcurra…

Procede a pintarla como una mujer vieja, fea, desdentada, con pelo de estropajo, mal aliento, mentirosa e intrigante. Hace todo lo posible para que el lector se ponga en contra de esta mujer. Pero es que Mármol escribió una novela contra Rosas, y claro, nadie que tuviera algo que ver con él podía quedar bien.


Que se expulse de ciertas zonas de la ciudad a la gente con menos recursos, ya no sorprende a nadie; pero la tendencia ahora es también expulsar a la clase media. Eso es lo que ha ocurrido en las grandes ciudades europeas (convertidas muchas en museos donde sólo viven los ricos), en Nueva York, en San Francisco…

Se adaptan edificios industriales para lofts o para hoteles de 5 estrellas. Eso significa que la zona circundante tiene que cambiar, y normalmente el cambio se convierte en expulsión. Si eso ocurre en Puerto Madero, no pasa nada. ¿Cuánta gente vivía ahí? ¿Qué infraestructuras sociales, ciudadanas, quedaban? Pero que ocurra en los barrios o en el centro, ya es otra cosa.

Por suerte existen asociaciones como Basta de demoler, que por lo que veo, por el momento se preocupan principalmente de la conservación del patrimonio de la ciudad. Pronto, sin embargo, se van a ver obligadas por las circunstancias y las presiones económicas, a ofrecer otra idea de ciudad… y de ciudadanía: otra versión que se aparte de los hechos consumados.

Jane Jacobs puede ser una buena guía en esto. Según ella, las ciudades se autodestruyen cuando dejan de lado la diversidad, tanto en la población, como en el uso de los espacios. No interesa que una zona sea sólo para oficinas, y que quede muerta a partir de las 8 de la noche. O que sea sólo para una clase social, o para una actividad económica. Eso conduce a la destrucción del tejido, de la red que es una ciudad.

He visto hoy, la noticia de que quieren construir un hotel en el viejo Colegio La Salle de la calle Riobamba. No se trata sólo de proteger este edificio e institución histórica. Se trata de proponer otro modelo de ciudad: uno para todos.