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El Mercado de Flores

jun 5, 18:28

Hace una semana o así, supe que donde ahora vivo, cerca de Plaza Irlanda, es el barrio donde creció y fue a la escuela (a tres cuadras de mi casa) Roberto Arlt. Soy vecino de Arlt con cien años de distancia. Y claro, ese siglo que ha transcurrido hace imposible ver por aquí lo que Arlt vio. Flores ya no es un pueblo cercano a Buenos Aires, sino un barrio más, aunque con su propia manera de ser.
También hace poco llegué a saber que el mercado de Flores sigue en pie. Está en el 2714 de la calle Ramón L. Falcón. El mercado está en obras. Ahora pertenece a una cooperativa que lo está poniendo de nuevo en funcionamiento. Van despacio porque lo hacen con su propio dinero, sin subsidios ni ayudas de la Ciudad.
Me gusta esta idea de que una cooperativa mantenga un mercado. Las cooperativas son iniciativas ciudadanas, sirven para hacer comunidad; y los mercados también. Allá donde hay uno, la comunidad tiene un punto de encuentro. El mercado se convierte no sólo en un centro de distribución de mercancías, sino también de información. Los puesteros conocen a todo el barrio y pueden decirle a uno cómo van las cosas, dónde encontrar un buen plomero, cómo y dónde comprar lo que uno quiere.

Pongo un ejemplo de la importancia comunitaria de los mercados. En Valencia, donde los más antiguos han cobrado un auge y una importancia que parecía que perderían a manos de los super e hipermercados, la alcaldesa, Rita Barberá, siempre se daba una vuelta por los puestos, saludando a la gente, charlando con ella, comprando algo, cuando iniciaba sus campañas políticas. Rita no es tonta y sabe que la información se mueve con gran rapidez y eficacia por los mercados. Al ir a ellos, estaba consiguiendo votos de la manera más barata y eficaz posible.
El mercado de Flores es una estructura de hierro y madera típica del año en que se construyó: 1892. Originalmente era una feria, como suele ocurrir, y fue la primera que se organizó en Buenos Aires en forma de mercado: cuestiones de higiene y de control social, claro. El mercado también sirve para eso. Si queremos ver un ejemplo de lo contrario, en Buenos Aires, sólo hay que ir a los alrededores de las estaciones de ferrocarril, están sucios, son peligrosos, el flujo de gente que viene y va o sólo está por ahí viendo qué caza es caótico.
Pero hoy, lo más importante de los mercados, es esa función comunitaria que tienen. El de flores lo lleva la Cooperativa Libertadores de América. Que entienden lo suyo como un emprendimiento social y comunitario, no sólo como un negocio (como ocurre con los shoppings) se ve en sus varias conexiones: como me contó Pablo (que tiene una parrilla en la entrada del mercado) todos los martes se juntan con las ONGs de la zona para discutir y promover soluciones a los problemas del barrio; también apadrinaron la cooperadora de la Escuela Pública José María Paz, que está a dos cuadras. También se hizo ahí la feria del libro alternativo en el 2007. Y quieren hacer una feria del diseño para fin de año. En realidad, cuando terminen de reformar el edificio, su idea es hacer un evento de este tipo cada mes. De nuevo: el mercado no es sólo centro de abastecimiento, sino un nodo muy importante desde el que se distribuye información y cohesión a la comunidad.
En una ciudad tan disgregada, tan grande, tan difícil como Buenos Aires, estos nodos son de capital importancia.