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Salgo a la calle a dar una vuelta, un paseo. Es cuestión de respirar, de pensar. Pienso mejor cuando tengo el cuerpo y los sentidos ocupados. A veces salgo a “caminar un texto”, y el ritmo de un poema depende del ritmo de mis pasos por la ciudad. A veces salgo a dar ese paseo con un amigo, sirve para hablar, para negociar una idea, un proceso artístico. Así, últimamente con Leonello Zambón, amigo, socio y vecino.

Hace unas semanas teníamos que hablar de La Expedición que estamos haciendo juntos. El paseo nos llevó desde Constitución, atravesando San Cristobal, hasta Boedo y de vuelta. Luego ha habido mucho trabajo, y hace unos días, Leo me envió un mail diciendo que echaba de menos nuestros paseos. Sugerí que hiciésemos algo parecido a la vez anterior pero con una cámara, así que las fotos son del segundo paseo, mientras que las impresiones se mezclan entre uno y otro.

Le sugerí desayunar en mi bar habitual (esquina de San Juan y Rincón, ver mapa de bares para fumadores) y luego, para seguir hablando enfilamos por San Juan hacia arriba, al oeste.
Una tienda de ropa con las vidrieras, los espejos, las puertas y otros apliques art nouveau, que siempre me llamó la atención ha desaparecido. Esos elementos decorativos siguen ahí, pero ahora hay una ferretería.

Cerca de Avenida Jujuy, vimos la torre de una iglesia y propuse investigar, llegando hasta ella por el otro lado, como para verla de otra manera, así que tomamos por Saavedra y luego Cochabamba. Sobre Jujuy y sus calles existen un montón de bazares gastronómicos (para los españoles: comercios donde venden equipamiento de hostelería). Antes de llegar a la iglesia, nos detuvimos a mirar en el escaparate de uno de estos bazares, y le comenté a Leo que no entiendo por qué la gente se compra cocinas de uso doméstico cuando se puede comprar una de uso comercial, industrial, restaurantero o como se diga. Son mucho más bonitas éstas, ¿no? De repente y por un impulso, entramos a preguntar precios, y sí, son más caras, pero mucho depende también de la importancia que uno le dé a cocinar y a cierta estética industrial que a mí, particularmente, me seduce más que todo eso que se llama “diseño”.

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Cartografía barrial

dic 2, 07:51

Buenos Aires tiene teatros maravillosos. Pero tuvo más. Hace tiempo que quiero hacer un mapa de los que siguen en pie aunque cumpliendo otra función (supermercado u otro espacio comercial, algunos son templos evangelistas). El tiempo no me alcanza para todo.

Sin embargo, esta mañana recibí un mail de Marina Etchegoyhen acerca de una iniciativa para salvar el Cine Teatro Taricco, en La Paternal. Pone lo siguiente:

Este 4/11 habrá una acción en el barrio de La Paternal por la recuperación del Cine Teatro Taricco. Este se encuentra desocupado hace 25 años y los vecinos están peleando por su reapertura. Habrá obras de teatro, acciones, proyeccciónes, actividades para compartir durante el mediodía. Vamos a participar con el proyecto de “Mapeo colectivo barrial”, que comenzamos a principio de mes. Serigrafiamos unos mapas del barrio, que estamos completando junto a los vecinos y amigos. Nuestra propuesta es marcar en estos, espacios culturales y sociales de la zona, de manera que sirva para vincularse y armar redes. La idea es hacer re ediciones sumando la información que escribe la gente y distribuirlos como afiches por el barrio. Por esto los invitamos a mapear con nosotras frente al Taricco este sábado 4/11 de las 11 a las 14 hs en av. San Martín y Nicasio Oroño. Para charlar, tomar unos mates y participar.


La Esquina

feb 9, 15:32




Siempre describimos lo nuevo en función de lo que conocemos. Los políticamente correctos dicen que esto resta entidad al otro; pero también está claro que si algo no ha sido nombrado es prácticamente imposible verlo, mucho menos entenderlo.
Caminando por los barrios de Buenos Aires, en este caso Boedo, uno se encuentra con sitios desolados que recuerdan toda esa mitificación del oeste desolado en el presente que aparece en muchas películas: quizá Paris, Texas. Algo así. Además, he estado en muchos de esos sitios y esta esquina me los recordó sin necesidad de recurrir al cine, cosa que hago aquí para dar a entender mejor esa sensación.
No sólo era que el comercio estuviera así, tan dejado, o que al ser sábado por la tarde no hubiera obreros y los arreglos de la calle estuvieran como abandonados, también era una cuestión de la luz y del silencio que se respiraba: un silencio como de aire.


El barrio inglés de Caballito fue, en efecto un barrio de ingleses. Eran los directivos del Ferrocarril del Oeste, la primera línea que funcionó en Argentina. Las fórmulas sociales del imperio económico británico movían a sus agentes a vivir juntos, o por lo menos, separados de los nativos. Supongo que también tendrían sus propias escuelas. Club social y deportivo tenían: Ferrocarril Oeste, primer club de fútbol en Argentina.

Las calles son relativamente estrechas y varias conservan los adoquines. La mayoría de las casas son estilo Tudor, aunque hay bastantes también de un estilo que no sé decir en español: Georgian, del siglo XVIII. El barrio respira tranquilidad, aunque eso no sólo se debe a su diferenciación del resto de la zona, sino también a las casetas de policía que hay en las esquinas.

Lo interesante es que haya sobrevivido a los varios furores de la construcción que se han dado en Caballito. Es más, a un paso del barrio inglés se están levantando varias torres de apartamentos, y supongo que en el futuro habrá más. Por Pedro Goyena ya son incontables las casas antiguas que se han derribado para construir en altura.

Ahora, el Gobierno de la ciudad, está discutiendo la protección al barrio. Parece que lo van a declarar patrimonio histórico. Espero que así sea. El resto de Caballito va camino de llenarse de edificios altos.


Monserrat

mar 10, 15:55

La pregunta del viernes era por los orígenes del nombre del barrio de Monserrat, y por sus dos apodos. Esta barrio, o por lo menos parte de él, fue tradicionalmente el barrio de los negros. Así, no es de extrañar que en 1769 fuera traída al barrio una imagen de la Virgen de Montserrat, la virgen negra, patrona de Catalunya, a la que llaman con cariño “La Moreneta”. La imagen ocupó su lugar en una capilla que llevaba su nombre y que fue reemplazada por la actual Iglesia de Nuestra Señora de Monserrat en 1865 (Avenida Belgrano 1151).

El barrio también fue conocido como El barrio del tambor, por el instrumento tradicional de las culturas africanas. Germinal Nogués cuenta que las distintas naciones negras se agrupaban en sociedades cuya función era juntar dinero para comprar la libertad de otros esclavos negros. Al parecer éstas organizaciones se agrupaban en las calles que hoy llevan los nombres de Chile, Venezuela y México.

El otro nombre que se le dio a la zona era El barrio del mondongo (en España, callos; en México, menudo) porque al parecer ésta era una comida típica… quizá porque era una fuente de proteínas más barata que la carne.

Con varios amigos he hablado acerca del paradero de estos negros de Buenos Aires. Las teorías son varias. Una es que muchos fueron reclutados para las guerras de mediados del siglo XIX. En esa época no era raro que un soldado fuera seguido por su familia. Y es probable que muchas decidieran establecerse en otras zonas del país, terminada la guerra. También podría ser que tuvieran que irse de la zona al crecer la ciudad y aumentar los precios del suelo. Esta es la zona que más se afrancesó en el último tercio del siglo XIX, en gran parte debido a los esfuerzos del primer intendente de la ciudad Torcuato de Alvear, gran impulsor de la construcción de la Avenida de Mayo. Entonces, antes que desaparecer, yo diría que las naciones negras se desperdigaron, primero, y después se mezclaron con otras razas.

Hoy, aparte de la Virgen de Monserrat, no sé si queda rastro de esas naciones en el barrio. Si alguno de vosotros se entera de algo, no estaría mal que me dejara un mensaje.

[ Nota: Está claro que he tomado el mapa de aquí arriba de la Barraca Vorticista, ¿no?]


Café Aragón

ene 24, 16:20


A veces salgo simplemente a pasear, sin rumbo; pero las más prefiero tener una misión, un punto de llegada. A partir de ahí ya me puedo perder. Mirando la lista de cafés notables me di cuenta de que los que me falta visitar quedan todos bastante alejados del centro. Uno es el Café Aragón, en las siete esquinas: cruce de Donizetti, Juan B. Alberdi, Escalada y Bruix.

Así que tomé el 2 en Avenida La Plata y me bajé en el 9200 de Rivadavia, pasé por debajo del puente de Juan B. Justo, donde hay dos gasolineras abandonadas (se ven varias por la zona) y doblé por Donizetti para caminar las 6 cuadras hasta Alberdi. Cuando llegué me encontré con que el Aragón estaba cerrado; no vi un cartel con el horario, ni otro que indicara que cerraban por vacaciones. Sin embargo, viéndolo desde afuera parece toda una institución. La fechada, que da a la esquina, está toda pintada con filetes, publicidades antiguas (Geniol, Fernet, Vascolet), un tranvía del año de la sopa y letras de tangos. Encima de la puerta principal, sobre un fondo azul, hay pintado un medallón de oro con dos lazos, uno con los colores de Argentina, otro con los de España. Y por encima de eso, se puede leer un verso de Discépolo (De chiquilín te miraba de afuera) y la fecha de fundación del café: 1893.

Por las vidrieras pude comprobar que el salón es bastante grande y que lo que prometen los neones (probablemente de los años 50)—BAR BILLARES—es cierto: tendré que venir una noche a practicar mi juego y perder contra el peor de los jugadores del Aragón.

Después, como tenía algo de tiempo, caminé por los alrededores para hacerme una idea del barrio. Las calles son plácidas, con poco tráfico. Hay varias torres de apartamentos bastante altas y un tanto absurdas en el contexto, pero la mayoría de las casas son bajas. Pude ver unas cuantas de finales del XIX en bastante buen estado, pero la mayoría son más modernas o incluso nuevas. Vi una casa racionalista que me llamó la atención, y otra de los años 60 que me dejó perplejo: parece una mezcla de varias ideas confusa que no ha mejorado
con el tiempo, pero tiene una pinta divertida (no pongo la foto aquí porque no me salió bien). También hay varias industrias menores por la zona y alguna que otra fábrica que ya no cumple su función original, incluido un edificio de ladrillo que ocupa toda una cuadra y en cuya fachada, escrito en piedra como si fuera para siempre, el nombre de la empresa: La Hispanoargentina, curtiembre.

Se me hacía tarde y en poco llegué de nuevo a Rivadavia, donde tomé el 2, que tiene la gentileza de parar a media cuadra de mi casa.


Demoliciones

ene 21, 16:09

Dando un paseo, ayer, iba por la calle Otamendi, cuando me encontré con este cartel casero, un tanto infantil, pero que refleja un ya claro malestar entre muchos ciudadanos de Buenos Aires.


La pregunta es: ¿qué va a pasar, no sólo con el patrimonio, sino con los barrios y sus casas? Está claro que faltan viviendas, pero la experiencia de las ciudades europeas indica que no se construye para aportar viviendas al mercado, sino para especular con el precio del metro cuadrado. En España, por ejemplo, ya no saben qué hacer para que los inversionistas pongan sus propiedades vacías en alquiler.


Paseo por Barracas

dic 22, 16:48



Una de las cosas buenas que tiene este blog es que me ha dado la oportunidad de hacer amigos que, quizá, de otra manera no haría. Uno de ellos es Robert, de Line of Sight, que el otro día me dio un tour personalizado de Barracas: uno de los paseos más interesantes que he hecho desde que estoy en Buenos Aires.

Nos encontramos a las 9 de la mañana en Constitución. Dimos una vuelta por la parte de atrás de la estación para echar un vistazo a la arquitectura ferroviaria del siglo XIX que todavía se puede ver por ahí. Y también, por detrás de la estación encontramos uno de los pocos letreros de propaganda de la época peronista que todavía quedan en la ciudad. En la foto no se ve muy bien, y aquí aparece más como documento que como algo estético, pero dice: “Apoye el plan quinquenal.”

Que Barracas no sea un barrio turístico no significa que no haya nada que ver. Se pueden encontrar algunas casas que vale la pena ver y la arquitectura industrial tiene bastante interés. Aunque buena parte de la industria ha desaparecido, ha dejado huella en el barrio, la suficiente todavía como para poder hacerse una idea de lo que fue la ciudad en otras épocas.

Es verdad que algunos edificios han sido tomados por los pijos (chetos, en el argot argentino), para instalar sus lofts y sus centros de diseño, pero no los suficientes como para disneylandizar el barrio a la manera de San Telmo, ni para crear una copia de una copia del barrio recuperado europeo como es Palermo.

La estación Yrigoyen es la que queda entre Constitución y Avellaneda, todavía en Capital. El rosa de la fachada no es muy atractivo y la estación en sí está un poco hecha polvo, pero ese estilo nouveau apunta a una época en la que lo estético cumplía un papel junto a lo meramente funcional, esa mala interpretación de Le Corbusier que sirve para esconder la falta de criterio de muchos arquitectos y la avaricia de tantos constructores.

Barracas termina en el Riachuelo, que debe ser una versión moderna del río Aqueronte. Está claro que a nado no se puede cruzar.

Al final del paseo, paramos a tomar una cerveza en El Progreso, cuyo nombre dice mucho del barrio, de las ambiciones que alimentó en otra época y del desuso en el que han caído muchos de sus edificios. ¿No es la del progreso, hoy, una ideología olvidada, o por lo menos denostada?