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Un paseo de sábado

dic 10, 11:48

Salí a las 7:30 de la Barraca Vorticista, donde estoy viviendo temporalmente, y agarré por Entre Ríos hacia el Congreso. Había amanecido nublado y fresco, perfecto, como más me gusta Buenos Aires. Unas cuantas personas encontré que dormían en la calle, algunas despertaban, un par me pidieron el cigarrillo de empezar el día. Entré en la tienda de una gasolinera a comprar crédito para el móvil, en la parte de cafetería los taxistas se ocupaban desayunando y, raro para ellos, no hablaban.
Doblé por Hipólito y paré en el Yrigoyen (Plaza de los Dos Congresos) a tomar un café y apuntar un par de ideas para un artículo que estoy escribiendo. Me acomodé en la terraza, donde se puede fumar. Pasó por delante de mi mesa un tipo trajeado, con coleta (ese error), que evidentemente , por el cansancio que se le veía en la cara y en la ropa, terminaba una noche larga, infructuosa quizá.
Vi a muchos obreros que se encaminaban al trabajo. Los encargados de edificio limpiaban los portales, o desperdiciaban agua lavando la vereda; algunos no hacían nada.
Por Avenida de Mayo, una camarera colgaba decoraciones navideñas (invernales, claro) en el ventanal de una confitería. Extranjeros con guía bajo el brazo, pantalones cortos y sandalias (su uniforme de gala), comenzaban su ronda monumentalizante. Delante de algunos hoteles esperaban autobuses gigantescos para llevarse a otros turistas, no sé si lejos, no sé si para siempre.
Me encanta ver despertar la ciudad.
Paré en el Iberia, antiguo bar de republicanos españoles y un favorito de mi amigo Alber, a tomar otro café, fumar (de nuevo en la terraza, o no hubiera parado), continuar con mi artículo y disfrutar del fresco. Una rubia con tetas falsas, tatuajes varios y un par de revistas de modas se acomodó con gran determinación, o con un énfasis algo desmedido (en mi humilde opinión), a dos mesas de la mía, poniéndose inmediatamente a hojear un ejemplar de Cosmopolitan que en portada anunciaba un gran artículo sobre el Kama Sutra.
Una de esas palomas invencibles que uno suele encontrar en el centro se posó sobre mi mesa, luego pasó a la de la rubia, que la espantó suavemente y sin énfasis con la mano.
Entre el café y la terraza pasaron un par de borrachos abrazados, ese gran clásico, y un tipo con mochila y gafas caras que tenía prisa. Los colectivos que circulaban por la calle Salta no iban llenos, pero sí llevaban pasajeros de pie. Al pagarle, el camarero me informó, sin que yo preguntara nada, que hacía un “viento ‘e lluvia, ¿eh?”. Ya sentía yo frío, ahí sentado. El informe meteorológico desinteresado resulto en un leve aumento de la propina que dejé.
Crucé la 9 de Julio sin que nadie intentara atropellarme (novedad). A partir de ahí, la Avenida de Mayo estaba cortada; había operarios montando varios escenarios (perdón por la rima), al parecer para la celebración del día de la constitución española.
Miré en un par de escaparates de licorerías por si había alguna botella a buen precio, pensando quizá en volver al coñac o al whisky, pero no vi nada que me apeteciera lo suficiente como para ameritar el gasto.
Crucé Bolívar y comenzó a llover. Me detuve bajo un alero con la esperanza de que escampara y cuando lo hizo, unos diez minutos después, continué hasta Perú por donde agarré hacia Carlos Calvo y El Federal bajo una leve llovizna.
Ahí me estuve un buen rato, leyendo la prensa, desayuné algo sólido, y a eso de las 10 y media, me fui para casa.
Fue una buena mañana de primavera en Buenos Aires


2 Respuesta a "Un paseo de sábado"

  1. que más da mi nombre dice:

    me ha gustado, en esta noche desvelada, ese relato de un paseo sabatino por las calles de Bs As. Me ha llegado la sensación del aire frío de la mañana temprano, esa sensación de lluvia matinal entre calles. Me ha gustado descubrir este blog. Servirá para matar este hambre voraz que tengo por Bs As desde que la visité en enero de 2009, ese gusano que me dejó en el estomago y no consigo sacar (ni lo intento) y que me ha hecho comprar billete para volver en agosto. No tengo idea de quien eres, pero gracias por escribir sobre Bs As de la misma forma en que yo la sentí.

  2. Roger dice:

    De nada. O mejor, gracias.

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