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Ahora, al parecer, hay que llevar Doc Martens. O me estoy haciendo viejo o es realmente incomprensible. (De las imitaciones no digo nada porque tengo más cosas que hacer). Quiero decir, si nos vamos a poner hipsters de verdad, o sólo imitadores de las ideas de otros, a menudo fallidas. Y es que para ser hipster hay que probar, y probar implica fallar. Y las ideas que hay que probar son las que van por lo menos un poquito a la contra, o resultan algo inesperadas.

Lo esperado es que uno se ponga lo que está de moda, dependiendo del nivel económico y el lugar donde uno vive. El problema con lo que está a la moda es que ya viene dado y probado—o no estaría de moda, no lo llevarían tantos. Las cosas llegan un poco manoseadas y cansadas a estar de moda.

Vuelvo a las Doc Martens, que ya estaban al borde del colapso, de tan cansadas, hace veinte años (sí que me estoy haciendo viejo). Las cosas, las modas, vuelven, usted dirá; y estoy de acuerdo. Pero la idea es que hayan tenido tiempo para descansar y no vuelvan con el agotamiento que ya tenían cuando pasaron de moda hace dos décadas.

Así que yo diría que hay que probar. Por ejemplo, sabemos que las Doc Martens eran botas de trabajo, que con la desindustrialización británica de los 70 y 80, los punks la usaban como gesto de clase y como protesta. Ahora, incorporadas a la moda de la clase media desindustrializada, siguen siendo un gesto de clase, pero han dejado de ser protesta. Como gesto de clase son una mera demostración de poder adquisitivo. Existen pocas maneras de aburrirse mejor.

¿Pero qué pasaría si mantuviéramos algo de esa antigua protesta? ¿Y si probáramos arriesgar un poquito nuestra imagen, aunque sea sin salir del barrio? A mí me encantaría ver a esas chicas de Palermo sin las Doc Martens, pero sí con unas Ombú, o unas Pampero.

Esas botas inglesas sólo me cuentan que la persona que las lleva es seguidista; las argentinas, bueno, podrían contarme otras cosas: que a lo mejor la persona que las lleva decidió llevar un poco la contraria, o experimentar un poco con su imagen, y que, en lugar de dedicarse a imitar, se atrevió a probar, incluso a fallar. Es cuestión de ver qué pasa, ¿no?


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