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Teatro de los cafés

mar 9, 15:20

Ustedes habrán notado que en este blog escribo mucho sobre bares y cafés; hasta yo me pregunto por qué. Aquí va una pequeña teoría.
Antiguamente, los hombres iban al bar porque en casa no se podía estar. Quizá su casa era un cuarto en una pensión. O una casa de familia, en la que vivían demasiados, o unos pocos malavenidos, o había niños que lloraban, etc. O el único espacio donde en invierno había calor era la cocina, y el hombre ahí estorbaba. Y si tenía ideas literarias, claro, el ruido, la actividad a su alrededor, serían insoportables.
Se iba al café donde había una estufa, había conversación, o se podía sentar a una mesa donde lo dejarían en paz con sus pensamientos, sus libros, sus papeles.
No se iba al café para salir de lo cotidiano; ese ya era un espacio cotidiano. Se iba porque en el café se estaba se estaba mejor físicamente, y socialmente. Era el punto de encuentro de una red de conocidos, ya fueran todos del barrio, o vinieran de toda la ciudad o incluso de fuera. El café era un cruce de caminos; no por nada es habitual que en Buenos Aires ocupen esquinas.
En los cafés se crearon clubes políticos que luego crecieron y se convirtieron en organizaciones que tuvieron repercusión en la historia de sus países. A partir de las tertulias literarias, se armaron movimientos de vanguardia. El café era el lugar para ir a hablar de lo que uno estaba haciendo o pensando, a compartir ideas, a encontrar gente que pensara igual y reforzara lo que uno ya sabía. Entre las masas amorfas de la gran ciudad, en el café todas las caras eran conocidas o se podían conocer, todo el mundo tenía nombre. Era un lugar en el que se podían establecer lazos personales y escapar de la mala sorpresa del anonimato propuesto por la gran ciudad. Punto de encuentro, punto social, lugar donde verse las caras, donde reforzar lo que uno creía o cambiar de opinión, el café era la respuesta contra la soledad.
Entre las clases altas el café proporcionaba todos los servicios que uno debía aportar si recibía gente en su casa, pero sin el trabajo, el gasto y el riesgo social que eso suponía. Era un sitio para ser visto y dejarse ver. Eso se parece un poco a Facebook, ¿no?
Hoy en día el café sirve como oficina, como sala de estar, como punto de encuentro a medio camino, y los habitantes de la gran ciudad lo usan para no tener que encontrarse en la intemperie, o en un territorio demasiado privado. Con toda la tecnología de comunicaciones que tenemos, el café sigue siendo el lugar para hablar y vernos las caras. Esa inmediatez no la aporta ni videoconferencia más limpia. La presencia tiene un valor enorme.

El café es el lugar donde nos vemos vivir unos a otros, donde nos contamos lo importante fuera del círculo íntimo. Es un punto intermedio entre esa intimidad y el anonimato. Si a mí me interesa saber cómo son los cafés de Buenos Aires, es porque quiero ver cómo es esta ciudad; ahí puedo observar el ir y venir de las personas y de las palabras.
Más adelante contaré algo sobre mi experiencia aquí, y veré si puedo extraer algunas conclusiones acerca de cómo funciona la sociedad en la que ahora vivo.


2 Respuesta a "Teatro de los cafés"

  1. Aqui_c dice:

    Hola!
    Quería saber si puedo “robar” esta entrada para mi blog, ya que nunca había pensado en los cafés de esa manera y me gustó la forma en la que está escrito el post.
    No te preocupes, que dejaré claro que el artículo salió de aquí :)

  2. Roger dice:

    Sí. Te envié un mail al respecto. Y te agradezco esa atención.

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