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Tabaquería

dic 31, 15:43

Buenos Aires es una ciudad en la que a menudo es difícil la continuidad en el consumo de un producto en particular, ese que uno prefiere por encima de los demás. Se puede haber caído la red de distribución; o la fábrica decidió cambiar, o no recibió las materias primas; o ha habido problemas en la aduana… las razones vuelan.
Cuando llegué a la ciudad, en abril de 2007, fumaba Ideales, un tabaco español de liar. Sabía que aquí no se conseguía (y no se consigue), así que tomé la precaución de traer bastante en el equipaje para un mes. Ese tiempo, calculé, sería suficiente para hacer la transición a un tabaco que aquí se encontrara y, sobre todo, que me gustara. Me gusta el tabaco fuerte. El que encontré que me venía bien, por precio y sabor, es un tabaco uruguayo: Río Novo. Los tabacos rubios, europeos y norteamericanos, que se encuentran aquí, me resultan demasiado suaves. Así que de vez en cuando mezclaba el uruguayo con un tabaco español, de marca Domingo, negro o rubio, según me apeteciera.
Al cabo de unos meses, por una razón que desconozco, se secó el suministro de Río Novo. Fumar sólo Domingo me salía carísimo, había que pagarlo en euros, claro. Así que me pasé a los cigarrillos que fumaba Carolina, Chesterfield, que se encuentran en cualquier kiosco.
Esto tuvo la ventaja de hacerme una amistad más en Buenos Aires, Ramón, el kiosquero de al lado de mi casa, un tío de Betanzos con quien he llegado a hablar más gallego que cuando vivía yo en Galicia. Pero con el verano, Ramón se fue de vacaciones, dejándome desamparado y a la busca de otro kiosco donde no me torturaran con el cambio. Por casualidad, el otro día, por la Avenida de Mayo, pasé por delante del estanco donde había comprado yo siempre mi material para fumar (tabaco, papel, filtros). Decidí entrar y hacerme con todo lo necesario para fumar una semana. Hice cuentas y me sale más barato, con mejor tabaco, que fumar tabaco ya líado. Así que he vuelto por mis fueros.

Ese estanco es un clásico de la Avenida de Mayo. Es como un pequeño emporio para hombres de mi edad (44) para arriba: tiene artículos de fumador y de escritorio, de los que también soy aficionado. El chaval que atiende, supongo que nieto del dueño, es de lo más amable y ha respondido a todas mis preguntas, incluso aquellas que me marcan como ignorante absoluto, con una enorme dosis de paciencia.
Ahora he vuelto al tabaco de liar. Tengo un estanco favorito. Lentamente me voy haciendo con esa ciudad ideal que le da el título a este blog.
Por cierto, hay un gran poema de Álvaro de Campos/Fernando Pessoa titulado Tabaquería. Vale la pena echarle un vistazo.


1 Respuesta a "Tabaquería"

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