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Plaza Hotel

ago 24, 18:29

El Hotel Plaza cumple 100 años de servicio ininterrumpido. Hay muchos hoteles en el mundo que tienen esa edad o más, pero son pocos los que no tuvieron que interrumpir el servicio, ya sea porque se encontraban en zonas de guerra o por algún mal económico del que fueran rescatados después. (Aquí hay un artículo anterior en BAI).
Para celebrar este aniversario, el Hotel se ha puesto en contacto con la gente de Eternautas para que hagan un libro y den unas visitas guiadas de las instalaciones. El libro está terminado e impreso, pero todavía no sale a la venta; las visitas tienen buen público y son bien interesantes, porque el arquitecto Eduardo Masllorens no sólo conoce bien el hotel sino también la historia de Buenos Aires y la de los edificios de Plaza San Martín.

Yo ya había hecho, con él, el tour de la París de Sudamérica diseñado por Eternautas (de eso hará cosa de un año) y lo encontré no sólo divertido sino bien cargado de información. Fue ahí cuando me enteré del libro que sacaron, Buenos Aires tiene historia: once itinerarios guiados por la ciudad, que ha sido una de las obras de referencia más útiles que he utilizado haciendo este blog.

La visita al Plaza comienza en el Grill, que es el único de los cuatro restaurantes originales que tuvo el hotel. Hay que recordar que hace 100 años la oferta gastronómica y social que había en la ciudad era infinitamente menor a la de hoy. El Grill siempre fue un restaurante de hombres de negocios y de la política. Cómo la etiqueta antigua no permitía hablar de esas cosas delante de las mujeres, este espacio se convirtió, de facto, en un espacio para hombres. Hoy, por suerte las mujeres pueden hablar de todo y participar en la vida pública sin tapujos (al menos en los países avanzados, de los que éste es uno, aunque algunos de mis lectores lo nieguen), y el Grill se ha convertido simplemente en un restaurante más, pero de los buenos.

Tiene una especialidad que no se encuentra en otros sitios y que la curiosidad me mueve a probar. Lo haré en cuanto mi bolsillo deje de quejarse. Se trata del pato a la prensa. Funciona de la siguiente manera: El pato se marca a la parrilla, luego se meten los trozos en la prensa, junto con algún vino generoso y especias, se prensa (el artilugio se ve en la foto) para que suelte todo el jugo y ese jugo es llevado a la cocina para hacer una salsa; el pato vuelve a la parrilla donde se lo termina de asar; cuando están listos el pato y la salsa, cosa que pide simultaneidad, se lleva a la mesa. Esta es cocina francesa antigua, como la que comentaba Brillat-Savarin en su ineludible Fisiología del gusto.

La decoración del Grill es de reminiscencias Tudor, que le da cierta cercanía e intimidad como muy de invierno. Un sitio para comer bien y beber bien, algo que en verano resulta más pesado.

La visita incluye una de las suites principales, de las que es la única que retiene cierto aire de lo que eran las habitaciones originales del hotel. Cuestiones de seguridad y otras tecnologías del confort han obligado a reconstruir la mayoría de las habitaciones. Eso además de las exigencias del viajero contemporáneo, normalmente más preocupado por el presente que por la historia. Y también es verdad que la oferta hotelera de lujo se incrementado en Buenos Aires notablemente en los últimos 5 años, con lo cual este hotel tiene mucha más competencia.

En todo caso, vale la pena ir a echar un vistazo, aprender algo de historia y, si el bolsillo lo permite, quedarse a cenar. Cómo parte de los festejos de su centenario, el hotel ofrece un menú Belle Epoque que dará una visión de cómo y qué se comía en los mejores restaurantes de lujo de hace un siglo. Eso también puede ser bien interesante.


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