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En España ir al bar a tomarse un café, una cerveza, un vino, es algo tan normal, tan de la vida diaria, que nadie le presta demasiada atención. Yo crecí en México y en Estados Unidos, así que cuando volví a España y me encontré con esa cultura del bar, me pareció algo tan maravilloso que enseguida me uní a ella. En los bares, yo trabajaba, escribía, conversaba, encontraba el tiempo para estar solo y para estar acompañado. Llegó a un punto en que pensé que sin los bares no valdría la pena vivir en España. Ese punto fue cuando el gobierno amenazó con prohibir el tabaco, una de nuestras mejores drogas sociales. Por suerte, se puso marcha atrás a ese proyecto, y en los bares y cafés de España se siguió haciendo la vida de siempre, la nuestra.

Cuando me mudé a Buenos Aires, era conciente de la fama de los cafés de la ciudad. Pensé que no me costaría nada la transición de una tradición a la otra. Pero no ha sido así. Hay muchas cosas que echo de menos de mis viejos bares. Una de ellas, como sabrán mis lectores, es la posibilidad de fumar con el café, en soledad o durante la conversación. Claro, he logrado encontrar cafés en los que tienen una sala para fumadores, o una terraza que se puede utilizar tanto en verano como en invierno, pero no es lo mismo. Me falta la barra.

En los cafés de Buenos Aires no se utiliza la barra, por lo menos por parte de los clientes. Hay que ocupar una mesa. Esto crea una situación extraña para mí. Las mesas dividen, no suele haber intercambio ni conversación entre una y otra. Ante la barra ocurre lo contrario, se abren conversaciones entre extraños, se encuentran los amigos, o se puede estar solo. La barra es un espacio de libertad.

Balzac dijo que la barra de un café es el parlamento del pueblo. Y en efecto, es el sitio donde mejor se habla, en España, sea de fútbol, de política o de arte… de arte menos. Es el verdadero punto de encuentro en la gran ciudad o en el pueblo. Un lugar en el que estar que no sea la pobreza social de la propia casa.

Este año di una clase de poesía para estudiantes norteamericanos, la di en las calles y en los cafés, siempre cambiando, siempre intentando explicar la conexión entre los poemas y la ciudad. Una alumna me preguntó por qué me gustan tanto los cafés. Yo no me lo había preguntado hasta entonces. La respuesta: son los mejores sitios para conversar, con otros o con uno mismo, para escribir, para estar en la ciudad, recogidos, resguardados del tráfico y de la intemperie.


5 Respuesta a "Pequeña teoría de los cafés y los bares"

  1. Yamil dice:

    Buena entrada Roger,

    Soy porteño, amo los bares, y ahora vivo en Madrid. Comparto y entiendo tu sorpresa, ya que yo la viví a la inversa.

    Me sorprendió sobremanera que aquí en Madrid toda la gente vaya a la barra, “de parado” y no a las mesas. De hecho, muchos bares casi no tienen mesas en el establecimiento, o las que las tienen cobran más caro si uno va hacia ellas (?). Como bien debes conocer, hay bares tan “estrechos” donde sólo hay barra.

    En Buenos Aires es diferente. Uno se sienta en su mesa y ve pasar el mundo. A mí me gusta sentarme en las mesas de la ventana, donde puedes observar al ciudad desde un punto de vista privilegiado. Puede que sea más introspectivo. No obstante, si uno es habitué de algun café sabe que hay mesas donde se reunen “los de siempre” y se engancha en alguna conversación con los mismos conocidos.

    Es curioso que dos ciudades con tanta tradición de cafés y bares se diferencien en esto.

    ¿Será por el tamaño del establecimiento?, (creo que en general los bares suelen ser más amplios en Buenos Aires), ¿o por otra razón del azar?

    Un abrazo

  2. Amelia dice:

    Es interesante cómo se ven los dos lados de la barra. Ahora ya no trabajo “detrás” de la barra de un bar, que es donde se entiende que trabajan los camareros. La cultura del bar española, creo que es puramente social, como lugar de reunión, los mediterráneos somos gentes que nos relacionamos en la calle y como consecuencia en el bar. Ahora cuando entro en un bar, como cliente, ya no observo a la gente como hacía antes, ya no analizo a mi vecino de barra, meto la nariz en el periódico o en un libro y no me interesan las gentes, he perdido la curiosidad por escrutar los rostros, se han convertido en seres anónimos que no me interesan.

  3. Andrea dice:

    Hola! Nos conocimos en EL FEDERAL…bar emblemático de San Telmo…allí surgió nuestra propuesta de contagiarlos de la magia de nuestros paseos de turismo rural no tradicional x Buenos Aires…esperando que lo consideren IDEAL
    Les cuento que el 29-11 vamos al festival en la escuelita rural isleña del Delta y la salida es sin cargo .
    Organiza la comunidad isleña, la escuelita rural nro 18 de segunda seccion de islas, sobre el Felicaria
    Habra festival de folclore y podran recorrer la reserva embarcados. Pasaremos el dia en la isla de la escuelita, compartiendo con los isleños un dia naturalmente encantador!!!!!!!!!!!!
    Pueden llevar vianda y bebidas, sino….los papis harán chori y paty para colaborar con la cooperadora del colegio
    Cariños
    Andrea andreavega99@yahoo.com

  4. Roger dice:

    Hola a todos

    He estado con el ordenador en el taller y me he ocupado poco del blog. Detesto ir a los locutorios, y siempre ocurre que cualquier razón es buena para no escribir.

    Andrea, perdóname por no contestar a tu mail. Tengo muchas ganas de ir al Delta, pero entre mucho trabajo y la máquina entre algodones, me he descuidado.

    Amelia, siempre un placer encontrarte aquí. Los lectores de Buenos Aires Ideal deben saber que trabajabas en mi bar de diario en Valencia. No sabes cómo echo de menos esos carajillos. Yo no he trabajado nunca detrás de la barra; mis observaciones siempre han venido desde el lado del cliente.

    Yamil: sí, soy bicho de barra. Hasta en el bar donde trabajaba Amelia, que tiene buenas mesas, yo iba siempre a la barra. De hecho, nuestra amistad viene de ahí, uno de cada lado de la barra, comentando las noticias del día y mil cosas más. Para mí la barra siempre ha sido un espacio social, comparado con el relativamente más privado de una mesa. Además, va muy bien cuando uno tiene prisa. En general, en la barra es uno quien decide sus tiempos, en las mesas, es el camarero quien marca el ritmo. Haz un experimento de tiempos: mide cuanto te lleva tomar un café en la barra y cuanto en una mesa, en el mismo, bar, y cuánto de la diferencia es obra del camarero.

    Saludos a todos
    rc

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