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Paulín

mar 23, 14:45

Con Alberto Méndez tenemos una historia de buscar, encontrar y disfrutar los sitios más interesantes para comer en la ciudad. Tanto Alber como yo somos aficionados a la comida tradicional (aunque no le hacemos ascos a nada nuevo) y nos gustan los bodegones, los viejos cafés.
La semana pasada estuvimos en Paulín, un sitio alucinante en plena City (Sarmiento 635). Cuando llegamos, a eso de la una, había tanta gente, dentro del local y afuera en la calle haciendo cola, que fuimos a resolver nuestro asombro en The Brighton, un restaurante de estilo inglés, lujoso, con mucha madera pulida y música de piano en vivo. Ahí nos sentamos a la barra, pedimos una cerveza y con ella nos trajeron una cantidad bien generosa de canapés. No está mal para un aperitivo. El servicio, además, y como toca a un sitio de postín, impecable. Y mejor aún, la cerveza nos salió por lo mismo, o incluso menos, de lo que hubiéramos pagado en cualquier otro sitio del centro.
Renovados los ánimos, volvimos a Paulín. Nos dimos cuenta de que la cola era para los pedidos para llevar. Entramos y encontramos dos sitios en la barra. No hay mesas. La barra es como una U alargada que va del frente al fondo del local, donde está la cocina. Los camareros están acostumbrados a las multitudes almorzadoras, así que son de lo más eficientes, rápidos, sin florituras, pero amables. Encima de la barra hay unas vitrinas en las que se exponen platos que están listos para comer o para recalentar. Cuando van saliendo otros platos de la cocina, el camarero más próximo los desliza a velocidad por encima de las vitrinas, como hacen con la cerveza en las películas del oeste, y otro camarero los frena al final de la barra y los distribuye entre los comensales.
Estábamos asombrados por toda esta actividad frenética. Hasta me asombró la paciencia del camarero cuando no sabíamos qué pedir. Paulín se especializa en sandwiches, así que optamos por el de peceto con jamón, queso y tomate en pan francés. Para que no nos aburriésemos mientras los preparaban, nos pusieron delante una empanada, acompañando la cerveza. Entre la empanada y los canapés anteriores yo ya casi me daba por comido.
Los sandwiches llegaron y eran enormes, muy dignos de su precio. Tan grandes eran que al final tuve que pedir que me envolvieran la mitad para llevar.
Sitios como Paulín se convierten rápidamente en clásicos en cualquier ciudad del mundo donde se instalen. La buena cantidad de clientes que había para comer ahí lo atestigua.


4 Respuesta a "Paulín"

  1. Diego dice:

    Hola, ante todo, felicitaciones por la página. La sigo regularmente y me sirvió para enterarme de muchos sitios interesantes. Con respecto a este post, hasta hace un año yo trabajaba muy cerca de ahí, sobre San Martín, y Paulín era siempre una opción a la hora del almuerzo. También el restaurante Luciano, que está oculto pero vale la pena descubrir. Atravesando la puerta giratoria de madera que está entre Paulín y The Brighton, se ingresa al hall del edificio, al fondo del mismo hay unas mesitas donde uno ya puede ubicarse (la desventaja aquí es que el mozo es sordo); si no, subiendo una rebuscada escalera se llega al primer piso, donde ya hay más lugar. En una época ofrecían muy buena variedad de platos, generosos y económicos, no sé como estará ahora.
    Un abrazo,
    Diego.

  2. Roger dice:

    Gracias Diego. Habrá que visitar el Luciano, a ver qué tal. Acabo de echar un vistazo largo a tu blog y me ha encantado, sobre todo las traducciones del lunfardo y toda la información sobre Corrientes y Esmeralda.

    Para los que no conozcan el blog de Diego: Caprichos y berretines

    Ya está puesto en el blogroll de aquí al lado, por cierto.

    Saludos
    rc

  3. Guiye dice:

    Luciano sigue siendo muy bueno, el menu tiene 3 opciones e incluye bebida una entrada y un postre o cafe. Los platos son elaborados suele haber un pescado o cordero, soy de buen comer y salgo más que satisfecho por 45 a 55 mangos,Lo malo es que después se hace cuesta arriba es combatir el apoliyo en el laburo.

  4. josemy dice:

    wauu no esperaba encontrar esta foto!trabaje cuatro años con fermin. aprendi lo que verdaderamente laburar a mil por hora! se que ahora ya no es como ese tiempo! recuerdo que en la tostadora estaba santos de sanguchero julio y fermin (el dueño) y yo en las ensaladas fue el trabajo mas hermoso que tuve

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