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Notas de un caminante

oct 23, 10:59

Empecé a conducir en 1980, a los 16 años. En 1989 dejé de tener coche. Vivía en Estados Unidos, en una ciudad universitaria, pequeña, donde todo me quedaba cerca para ir a pie o en bicicleta. En el 92 me mudé a España en cuyas ciudades el transporte público no está mal, aunque prefiero caminar.

En todo ese tiempo he vivido en nueve ciudades, pasado tiempo en bastantes otras y conocido muchas. Mis amigos se maravillan de lo rápido que me ubico en una ciudad: conozco las calles, sé donde conseguir lo que necesito, hablo con la gente… gracias a que prefiero ir a pie a todas partes.

Caminando, se llega a conocer una ciudad. En el coche todo pasa demasiado rápido, no es fácil determinar las distancias, absorber el ambiente; y resulta prácticamente imposible dar con esos encuentros que a veces llamamos epifanías: el descubrimiento de un sitio especial, el alumbramiento de una idea. Si mis poemas tienen ritmo, por ejemplo, es porque los camino, los llevo conmigo mientras los pienso, los reescribo, los respiro. Tengo casa, pero para mí La Ciudad es el sitio donde vivo, viajo e intento comprender el mundo.

Anoche fui al Teatro San Martín a ver Línea Sur, un documental de Fabián Fattore sobre la Patagonia, siguiendo los pasos de Osvaldo Soriano. La fotografía, parecida a la de las películas caseras, con Súper 8, tiene todos los elementos de la nostalgia (el grano, el color algo lavado, las imágenes ligeramente fuera de foco), pero sin llegar a esa nostalgia; lo que le da una limpieza de mirada que invita a viajar. Tiene humor en los personajes, belleza en los paisajes, la desolación de un mundo casi abandonado: el de los trenes que iban al Sur.

Sin embargo, fue vuelta a casa, andando, que vino la gran sorpresa de la noche. Iba por Avenida La Plata cuando me crucé con una mujer de unos cuarenta años, con el desgaste marcado en las ojeras, en la comisura de los labios. Llevaba una minifalda blanca, zapatos de tacón también blancos y una especie de levita que por atrás le llegaba hasta las pantorrillas; tenía el pelo teñido de rubio, con flequillo y recogido atrás con una trenza o una coleta, no alcancé a ver. Lo que me llamó la atención de esta mujer fue que en la mejilla derecha llevaba, muy claras, las marcas de una mordida. Y se trataba claramente de una dentadura humana, se veían bien claras las marcas de los dientes, los de arriba y los de abajo.

La mujer pasó, yo pasé, y me quedé con la impresión. No la juzgo, sólo la describo. Las calles son mi hábitat natural, y en ellas encuentro cosas que me maravillan y sorprenden.


2 Respuesta a "Notas de un caminante"

  1. martin dice:

    En general es por corrientes y callao que me encuentro con tal variedad de personajes, para mi ese es el sector de los locos; en el centro, con la aglomeración, hay algunas cosas que se disimulan.
    Por ejemplo en Villa del Parque, cuando vas al almacen no podés dejar de notar hasta el más mínimo cambio del estado de ánimo del almacenero (creo que se acababan de enterar de la muerte de alguien, estaban muy perdidos).
    Lo que digo es que en general esas notas disonantes que hay en el centro me opacan toda la variedad de la armonía que hay, y por eso me enojan, me sacan. No me quiero justificar, porque sé que no soy reaccionario ni cheto, y aún así hay situaciones cotidianas que, al exponerme a la fragilidad humana, a la verdadera diversidad, me destrozan y mi reacción es enojarme.

    También quiero decirte que es impresionante ver a un gordo muy gordo, todo sucio y engrasado, vestido con jogging y camiseta, salir de una puerta totalmente oscura y apoyarse contra la pared blanca y pasarse la mano por la frente.

    Un abrazo y seguí con esto que es delicioso!

  2. Roger dice:

    Hola martin

    Quizá lo debí decir, pero la mujer que describo no parecía una loca, ni una rara; al contrario, caminaba por la calle con toda dignidad… y algo de prisa. O quizá era yo el que tenía prisa y caminaba rápido, muerto de hambre como iba.

    Pero sí, de vez en cuando se ven cosas y personas que uno preferiría que fueran de otra manera. Tienes razón: eso que llamamos diversidad no es nada fácil.

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