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Mercurio en la City II

may 26, 15:39

El Banco Francés

En Perón y Reconquista hay un edificio del Banco Francés (actual BBVA), aunque no he podido averiguar gran cosa sobre él. Lo que me interesa aquí, sin embargo es ese grupo escultórico que preside sobre la esquina y sobre este post. Ahí vemos a Ceres y Mercurio con el antiguo escudo de Buenos Aires entre ellos. A Ceres se la reconoce por el trigo, las hojas de vid, los frutos de la tierra: era la diosa de la agricultura. Mercurio lleva sus atributos clásicos, que ya comenté en el post anterior, el caduceo, el pétaso y las talarias. Lo que los une es esa especie de cadena de frutos de la tierra, como una cornucopia pero sin el cuerno de la abundancia, que no hace falta. Me llama la atención que esa cadena de frutos los une casi sexualmente, pasando por la ingle de los dos. Aquí el tema es la convertibilidad de un tipo de riqueza en otro: de la agricultura al comercio y por tanto al dinero constante y sonante. Es como si la diosa de la agricultura se ofreciera por medio de Buenos Aires al dios del comercio. Más abajo se ven las cabezas de Vulcano, del que podemos decir que representa a la industria y a Minerva, diosa del conocimiento. Estos dos ocupan un sitio menor, como parece que lo siguen haciendo hoy mismo. Este grupo indica que lo que importa, la verdadera fuente de riqueza, es la agricultura y el comercio; industria y conocimiento están ahí también pero apenas, como si fueran los testigos del matrimonio de los otros dos.

Otro emblema interesante que encontré es este largo de la izquierda, de Corrientes y 25 de mayo. En el se puede ver el nexo imaginario entre el comercio y la agricultura que culmina en una llama de fuego. Empezando por abajo vemos el comercio marítimo, la base de la globalización comercial e imperial anterior, la de finales del siglo XIX y principios del XX. Pero también hay un salvavidas, que se puede interpretar como símbolo del transporte de pasajeros. Así, tendríamos ahí unificados en un solo emblema, el puerto, el comercio marítimo, la inmigración, el nexo con el resto del mundo, sobre todo, supongo, Europa. De ahí sube una cuerda que llegará hasta el emblema de Mercurio en la parte alta y lo unirá todo. Es cuerda ata y liga una cosa con otra, une lo bajo con lo alto. Seguido, vienen los frutos de la tierra: hojas de vid, manzanas, calabazas, maíz, trigo, ananás, duraznos, sandía, una olla y una hoz pequeña, estas dos últimas como símbolos de la alimentación y el trabajo en el campo.
Después la soga que venía de la parte marítima liga dos hoces, símbolo de la siega, la cosecha, dándole una terminación momentánea al emblema. No sé si están ahí también para simbolizar la muerte, quizá eso sea involuntario. La hoz se asociaba antiguamente con Cronos, Saturno en la versión romana, que llegó a simbolizar el tiempo a ritmo humano, no la eternidad. Era dios de los calendarios, las temporadas del año y las cosechas. (En el Renacimiento, se confundió a Cronos con Chronos, dios del tiempo, quizá también por esta asociación de Saturno con el tiempo).
Por fin, la cuerda termina en el caduceo, símbolo de Mercurio, con lo cual sabemos que la razón de ser de todo lo anterior es el comercio y por su medio la riqueza. Hay que recordar que quienes encargaban estos emblemas eran comerciantes y banqueros.
Pero aún hay más, el caduceo termina en una antorcha, lo etéreo, la luz, el fuego, el sol, ese viejo dios, que también es el oro, el dinero, verdadero dios del capitalismo. Aquí no hay nada inocente, no hay errores. Podemos decir que el oro es dios y Mercurio su profeta.
El capitalismo de la época necesitaba europeizarse. Esa era su ambición desde Sarmiento. El clasicismo ofrecía a la vista un vínculo con Europa y hacía de lo americano, el desierto y su conquista, la violencia de la industrialización, algo un poco menos hostil. Este tipo de representaciones creaban un vínculo con el Imperio, que entonces todavía era fundamentalmente británico, igual que hoy es fundamentalmente norteamericano. El clasicismo, en la versión que fuera, servía para dar una pátina de legitimidad a las depredaciones sobre el territorio y las finanzas. Al estetizarse, el comercio se naturalizaba. El capital financiero va enmascarado por un capital simbólico de importación cuya función es muy parecida a la del diseño en nuestros días (y con el diseño, la moda, el consumo de lujo y la gastronomía de vanguardia): hacer que la fuerza utilizada en ganar dinero no se vea: que no se vea el proceso, el trabajo, sino el resultado y su belleza. Es la belleza del resultado de la belleza como resultado. Como producto consumible.
En este emblema vemos como todo conduce a lo etéreo, y eso significa que lo concreto, los productos de la tierra y el trabajo humano se convierten en algo abstracto. Podemos interpretarlo como un emblema de la producción de abstracción a partir de lo concreto. Para traerlo al presente, la crisis mundial actual es precisamente una crisis de la abstracción, provocada por los mercados financieros y la altísima convertibilidad de lo concreto (la propiedad inmobiliaria) en dinero o en crédito (lo abstracto).
También podemos pensar en lo abstracto como un sueño. Así, el emblema sería de la convertibilidad de lo real en sueño y de lo soñado en realidad. ¿Y no era, en esa época todavía, un sueño la Argentina?

Continuará…


2 Respuesta a "Mercurio en la City II"

  1. Robert dice:

    Por algo de informacion sobre el arquitecto del Banco Frances, escribi una nota en enero: <a href=“http://www.recoletacemetery.com/?p=547”>Jorge Bunge</a>. Se puede habilitar el link? Un abrazo desde Barcelona!

  2. Roger dice:

    Hola Robert

    ¿Ya te tomaste el carajillo que me debes? Habilito el link, es este: Jorge Bunge
    Un abrazo
    rc

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