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Mar Azul

ene 10, 16:12

Carlos Encina trabajó durante años en el antiguo Británico, uno de los bares emblemáticos de San Telmo (uno que, cabe decir, con la renovación perdió buena parte de su alma). Carlos es un camarero profesional, de los de toda la vida, y eso se nota tanto en la calidad de servicio que aporta a su nuevo bar, como en su iniciativa de comprar ese bar y así devolvernos a los asiduos a los cafés de Buenos Aires uno que valía la pena mantener: el Mar Azul.

El otro día iba yo por Tucumán, a la altura de Rodríguez Peña, cuando me llamó la atención en letrero de la fachada del bar; era la hora de comer así que entré. El nombre me sonaba, saqué mi libreta y vi que, en efecto, el Mar Azul está en la lista de cafés notables. La comida es sencilla: milanesas, supremas, hamburguesas, costilletas, pero los precios son buenos, sobre todo para un café en pleno centro. (Espero que Carlos, al leer esto ¡no los suba!)

En las paredes del bar hay una buena colección de fotos antiguas de Buenos Aires, incluida una que no había visto antes del Obelisco en construcción. Del techo cuelgan ventiladores antiguos y las ventanas son de madera, de guillotina, lo cual ayuda a mantener el local bien ventilado.

Es una lástima que la ley no permita fumar. Si tuviéramos esa libertad, el bar se acercaría bastante a la perfección. De todas maneras, ya lo tengo en mi lista mental de los lugares donde vale la pena parar a descansar del ajetreo del centro y tomar algo.

Carlos conoce el negocio de los cafés, lleva en él muchos años. Estoy seguro de que si no fuera rentable, no habría reabierto el Mar Azul. Es una clase de esfuerzo que hay que celebrar e imitar, en estos tiempos en que tantos lugares emblemáticos de la ciudad están desapareciendo.


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