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Lo que cuesta

dic 7, 17:36

En Argentina me cuesta encontrar los libros que quiero. Claro, sin tener que dejar de comer durante un par de días. Eso lo hacía cuando tenía 20 años, aunque entonces vivía solo. Cuesta encontrarlos porque se reeditan poco los libros que YO considero valiosos, o porque no los vuelven a importar desde España, o porque la edición, que viene de ahí, cuesta un dineral.
La crisis de los 2000 no ha ayudado nada al lector que vive en Argentina. Primero, con la manera en la que los libros se vendían en 2002-2004, tan baratos, casi regalados, cayeron buitres desde Europa y desde el Norte, que desabastecieron el mercado del libro de segunda mano. Sólo hay que ir al Parque Rivadavia, clásica feria permanente de libros usados, hoy dedicada al software, a los DVDs y a los libros nuevos, primordialmente. Y segundo, porque con pesos devaluados las editoriales no pueden comprar los derechos, y los lectores no podemos comprar los libros importados.
Un día hace poco, y por una serie de carambolas, de encuentros con personas cercanas y lejanas, me doy de bruces con la Galería Buenos Aires, en Florida al 800. En el sótano hay unas diez librerías de segunda mano. En la galería también hay un par de cafés, de sastrerías y de tiendas de cuero. En varias de las librerías hay material de primera calidad, tanto en las ediciones como en el contenido, aunque a precios que no son populares.
En una, regentada por dos amigos que he hecho recientemente, y cuyos nombres no puedo revelar en internet (así me lo han pedido), he encontrado suficientes libros de los que me interesan, como para leer el resto de mi vida. Para empezar, me he comprado la edición de Losada del Libro del desasosiego, de Pessoa, que echaba en falta y que no sé a qué esperaba Losada para volver a sacar. También me topé con una edición de los artículos de Cunqueiro sobre el mar, con prólogo de Néstor Luján, y que me llevé sin pensarlo dos veces. La he metido en mi mochila y así tengo algo divertido qué leer en el transporte público.
Siento como si no debiera escribir sobre estas librerías. Evitar que se corra la voz. reservarme la información en lo posible. Pero no, prefiero que se sepa. Que los libreros ganen dinero, en lugar de cerrar sus negocios. En parte, éstas son lo que queda de las famosas librerías de Corrientes, que ahora, mayormente, se ocupan del libro nuevo, o de saldos. Me contaba uno de los libreros que prefieren estar ahí abajo, en el sótano, que con puertas abiertas a la calle, mucho más caro.
¿Es ese el futuro de las buenas librerías? ¿El underground?


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