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La Lechería

feb 17, 16:35

Ayer andaba por el centro, por trabajo, y atravesé la City, que me entró por los ojos con todo el esplendor de su intensidad. Eran las dos de la tarde, faltaba poco para que cerraran los bancos y las casas de cambio; en todos había colas. Llovía. Los fumadores se agolpaban debajo de los aleros frente a sus edificios. Vi unos cuantos bares/restaurantes con mucha madera oscura, muy ingleses. Sastrerías de las buenas (tengo que comprarme una gabardina en Perramus para facilitar mi integración al Buenos Aires clásico). Tabaquerías con café y espacio para fumadores de habanos. Tráfico pesado; camiones blindados haciendo cola, esperando que les entregaran el dinero del día. La Bolsa de Comercio. El Banco Central. Por todas partes gente, calles estrechas, hombres y mujeres de negocios. Un mal rollo en el aire increíble. Y yo feliz.
Salí de mi reunión y me puse a buscar un sitio rápido y barato para comer. En el 70 de la calle San Martín encontré La Lechera, un local enorme, de hará unos 100 años. En la parte de delante hay mostradores de marmol, en U, donde sirven sandwiches y café. Esto fue lo que me llamó la atención desde la calle. Me pedí un sandwich de pastrami con pepinillos en pan negro y una cerveza. Poco después me di cuenta de que yo era el único que bebía cerveza; los demás tenían aguas, gaseosas, cafés: mi prejuicio español a favor del alcohol.
En la parte central hay un buffet con comidas calientes. Uno pasa con la bandeja, pide lo que quiere, se lo sirven al momento, paga y puede ocupar una mesa en el gran salón de techos altísimos o pasar al ghetto de los fumadores. Ahí el aire acondicionado llega al punto de congelación; pero aún así, se agradece que haya espacio para el tabaco. Cuando había dado cuenta del sandwich y la birra, me pasé a la jaula de los fumadores para tomar un café que no estaba nada mal. A mi derecha tenía una mesa de sordomudos que hablaban con las manos; a mi izquierda, una de corredores de bolsa, o gente de los medios, o las dos cosas, que hablaban por los codos.
Me encanta el bullicio de las ciudades, de los bares y cafés—y sin embargo, soy amante del silencio.


5 Respuesta a "La Lechería"

  1. Robert dice:

    Me hiciste acordar de los primeros años que pasé en BsAs (!), almorzando en La Lechería varias veces por semana. No estaba pintado ese color rosadito y la calidad era mucho mejor (por eso dejé de ir) pero tenía la misma onda. Comer en un antiguo banco lleno de banqueros nuevos no tiene precio.

  2. Roger dice:

    Robert, ¡qué sorpresa!

    Tendría que haberme imaginado que aquello fue un banco. Ni lo pensé. Llovía, así que no daba mucho para mirar hacia arriba, por la calle. Luego dentro, los camareros son pocos y tienen que cubrir bastante terreno, por lo que no tienen tiempo para charlar.

    Espero que sigas aún por el Hemisferio Sur
    Un abrazo

  3. Robert dice:

    Hmmm… ni me acuerdo como se ve desde afuera, pero suponía que era un banco por el reloj enorme en el interior, más la construcción del techo. Cosas de arquitectura que siempre miro jeje

    De hecho ya estoy de vuelta en BsAs hace unos días, caminando un montón a pesar del calor. Todavía no sé si voy a retomar el blog… las ganas no faltan pero es mucho laburo. Vemos que hago. Un abrazo grande!

  4. Roger dice:

    ¡Bienvenido! A ver si nos vemos un día pronto, ¿no?

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