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Hace un montón de años en Santiago de Compostela, llegué a frecuentar un café viejo, descascarado, mugriento con el polvo de años mezclado con la nicotina que los fumadores íbamos (como un daño colateral) adhiriendo a las paredes nada más exhalar. Estaba en el casco antiguo y se llenaba de universitarios, artistas y una buena tribu de jubilados que hacían el mayor ruido posible golpeando las fichas del dominó contra el mármol de las mesas. Solía estar lleno, y a menudo había que tomarse el café o el vino de pie ante el mostrador, cosa que prefiero de todas maneras.

Pero el dueño se jubiló y traspasó el negocio a unos jóvenes que lo mantuvieron cerrado unas semanas para limpiarlo y remodelarlo. Cuando abrieron, la parroquia desertó. Los precios no habían variado, pero la seguridad que muchos encontrábamos en la vetustez—y la mugre—del local había desaparecido. La mayoría nos buscamos otro bar que cumpliera los requisitos: tradición, historias (más que Historia), la posibilidad de que ahí hubiera pasado algo—cualquier cosa—, pero sobre todo la idea de un encuentro con el pasado vivo, tan importante en una ciudad y una sociedad en la que ya se notaban los estragos de la museificación/disneylandización que ahora definen tantos lugares de Europa. Luego también estaban los estragos de la remodelación… por más que ésta le hiciera falta al local, o a sus dueños.

Sigo buscando esos bares viejos. Evito los nuevos—y más esos minimalistas hiperlimpios en las formas que siguen ese estilo internacional-europeo que prefiere la frialdad desacogedora a la calidez de que tiene como efectos el encuentro y la conversación. También evito aquellos bares remodelados en los noventa con un exceso hortera de latón y espejos; Buenos Aires y muchas ciudades españolas parecen haber sufrido esta plaga, esta pequeña desgracia—o pérdida de gracia, ese don de Dios.

De los bares viejos, prefiero los viejos de verdad, aunque soy bien capaz de frecuentar un bar recuperado (puesto en valor, que dicen aquí), si retien algo de la mugre de los años, de las huellas de una clientela de décadas, un aire a ruina que, por un milagro del comercio, sigue en pie. Eso sí, la cocina limpia como un quirófano, ¿eh?

Si quieren, pueden dejar en un comentario aquí abajo el nombre y la dirección de algún bar favorito. Haremos una lista. No hace falta que sean locales históricos: sólo que cumplan los requisitos que mencioné arriba.


12 Respuesta a "La conservación de la mugre"

  1. daniel dice:

    En primer lugar: Llevo semanas con la intención de dejarte un comentario y nunca cumplo. ¡Perdón!

    Leo lo que has escrito y me trae lindos recuerdos de todos los bares de todos los cascos viejos de España que conozco — San Sebastián, Bilbao, Santiago de Compostela, y otros más — y, por supuesto, de su muchas veces mugriento estado.

    Lamentablemente, no te puedo ser de mucha ayuda en armar una lista de bares viejos acá en BsAs. Pero sí voy a seguir con interés el tema.

    ¡Viva la mugre! :-)

  2. Roger dice:

    Hola Daniel

    Gracias por el comentario. Creo que aquí no hay muchos locales así. Estaba el antiguo Británico, hasta que lo reformaron, lo pulieron, o como dirían en España, se lo pulieron. Luego está el Coruña, en el Mercado de San Telmo, un bar añoso en el que he comido unas cuantas veces. Me recuerda vagamente a un bar de la Avenida General Sanjurjo, de Coruña, que no tenía nombre, el letrero sólo anunciaba “Los peores vinos”, y a eso íbamos, a tomar vino barato y a hablar durante horas. También ahí la mugre era parte de la historia.

    Saludos

    (Buen blog el tuyo, por cierto)

  3. Paterna dice:

    Coincido en casi todo lo que decís, aunque además de la cocina el bañó también debería ser impecable.
    Un bar es “La Andaluza” que queda en Camarones y Av. San Martín. Barrio de la Paternal.
    El otro creo que se llama San Bernardo y queda sobre Av. Corrientes y si no me equivoco Acevedo… a un par de cuadras de Scalabrini Ortíz para el lado de J. B. Justo. Este último es el bar que describís más arriba. Todos los viejos jugando al dominó, casi ninguno consume para ahorrar…
    Saludos y avisame si visitás alguno de estos dos.

  4. Lucila dice:

    Yo tengo un bar para aportar: Plaza España. Queda en Av. de Mayo al 1300, y es… la mugre hecha cantina. Nótese el detalle del toro disecado que cuelga sobre la cabeza de algún comensal… tiene la mugre de siglos, casi diría de la invasión de los moros. Pero se come muy bien y barato. Te invitan una copa cuando entrás, y otra en el cafe. Hay una camarera ucraniana que es un personaje, rápida y eficiente, antipática con los viejos babosos… está los domingos por la tarde. La verdad, a mí me encanta ese lugar, hay mucho para observar. Y me acordé de otro: La Maroma (Humahuaca y Mario Bravo, creo…). Un clásico de mugre y olor a frito. Rico y baratito.

  5. Roger dice:

    Hola Paterna

    Claro, se me había olvidado lo del baño. Importante. Gracias por tu aportación a la lista. Cuando vaya a esos sitios, te avisaré. Soy lento y todavía no conozco La Paternal, aunque hace tiempo que quiero ir.

    Saludos

  6. Roger dice:

    Hola Lu

    Conozco La Maroma y no me gusta mucho, pero todos los que sé que han ido dicen lo contrario, así que lo añadiremos a la lista.

    En el Plaza España nunca entré, así que ahora me veo obligado a ir. Me parece genial lo de la copa al principio y al final, muy español.

    ¡Qué bien! Parecía que no, pero se va armando una listita, ¿eh? Espero poderla poner en un post pronto.

    Abrazos

  7. Lucila dice:

    Bueno… se me ocurrió otro para la lista que es una tentación: “El fortín”, queda en Lope de Vega y Alvarez Jonte, esto sería Monte Castro, pero para mí es el Fortín de Villa Luro porque soy de Luro y siempre en mi familia lo nombraban así. Lo mejor de ese lugar es la Fugazzeta… nunca vi tanto queso en una pizza. Léase la nota http://www.barriada.com.ar/MonteCastro/ElFortin.htm y se me entenderá. Besos, LU

  8. Ingrid dice:

    “El Diamante” a una cuadra de la escuela de Bellas Artes que está en Villafañe y Azara, en Barracas a una cuadra de Av. Patricios, si sigue existiendo cumpliría los requisitos aunque no los del baño y la cocina ya que el baño al menos era como el de los antiguos conventillos.

    Saludos, Ingrid

  9. Roger dice:

    Ah! pues me apunto la dirección y lo busco.

  10. Miguel Angel dice:

    En 1964 estaba el bar La Coruña en Barracas, no recuerdo si era en Garibaldi o en Melo, entre Magallanes y Rocha.
    Viejo como el tiempo. Entrañable, con ese aroma a bar antiguo, de la madera del piso, el tabaco, la máquina express, en fin…

  11. Andi dice:

    Gracias por recordarme esos lugares que evocan tantos momentos maravillosos de mi juventud.

    Les pido por favor, a aquellos que viven en Buenos Aires, si pueden confirmar la existencia del Diamante en la actualidad. La ultima vez que fui, habra sido alla por el 91 o 92. Como dice Ingrid, estaba en la esquina de Azara y Villafane, en el barrio de La Boca (o tal vez Barracas).

    Mil gracias por fijarse,

    Andi desde muy lejos.

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