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La casa del fantasma

abr 10, 22:12

Así la llaman. Y yo diría que es más por su estilo que por otra cosa. También es conocida como El Castillo de La Boca. No hay muchos edificios extravagantes en La Boca, que suele ser y siempre fue de casas bajas, un barrio obrero, industrial y portuario. La construyó un arquitecto francés, Gustavo Lignac (en aquella época se traducían los nombres), en 1908, terminándola un año después, y ganando el premio municipal en 1910. Se encuentra en la cuchilla formada por las calles Benito Pérez Galdós y Wenceslao Villafañe sobre la Avenida Almirante Brown. En algún lado leí que la torre esconde un tanque de agua y que fue el primero de la ciudad, pero viéndolo de cerca parece que la torre se puede habitar, así que no sé bien dónde guardan el agua.
En todo caso, el edificio es singular no sólo en el barrio sino en la ciudad. Buenos Aires tiene eso, muchos edificios singulares. Supongo que se debe a que fue, a principios del siglo XX, una ciudad imán que atrajo aventureros de todas clases, unos que hicieron fortuna, otros que no. Pero también arquitectos que quizá en Europa no hubieran tenido nunca la oportunidad de levantar edificios como los que se pueden encontrar aquí: por el academicismo, el peso de la tradición. En América siempre ha habido sitio para reinterpretar la tradición europea, darle otra vuelta de tuerca.
Sí existe, sin embargo, una historia medio de fantasmas relacionada con este edificio.

Hay una leyenda medio de fantasmas, o más bien un misterio, relacionada con esta casa. No sé muy bien cuándo se supone que ocurrió. El caso es que una pintora llamada Clementina (la leyenda no cita su apellido) vivía en la casa y tenía su taller ahí también. Un día fue a verla un periodista para entrevistarla, y sacó fotos de ella y de sus cuadros. A los pocos días, el hombre volvió y le mostró asombrado las fotos de los cuadros y del taller, porque en ellas parecía que había unos hombrecitos (he leído también que eran duendes) que bailaban. En la foto estaban fijos, en posición como de bailar, no es que se movieran en ella. La pintora se puso mal y echó al periodista de la casa diciendo algo así como “¡Usted no debió verlos!” Poco tiempo después de eso, los vecinos al parecer oyeron algo que parecía un disparo. Llamaron a la policía y cerraron las puertas del edificio para evitar cualquier huida de un criminal. Esto último me parece demasiado. Se oye un disparo, se llama a la policía, pero ¿se tiene la calma de cerrar todas las vías de escape? En cualquier caso, cuando llegó la policía, fueron al departamento de Clementina, entraron y no encontraron nada. Es decir, que ni ella ni los cuadros estaban ya. Y no se ha vuelto a saber nada desde entonces.

No sé si alguien se habrá puesto a investigar en los periódicos que guardan en la Biblioteca del Congreso, a ver si esta historia tiene algo de cierto. La cuestión es que la leyenda quedó y algunos viejos de la zona todavía la recuerdan.

La foto proviene del blog Crónicas de mundos ocultos


1 Respuesta a "La casa del fantasma"

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