La casa de María Josefa Ezcurra
ene 28, 07:51

En la Guía de Patrimonio Cultural del Gobierno de Buenos Aires pone que la casa de María Josefa Ezcurra, de 1836, es uno de los escasos ejemplos de arquitectura civil que quedan de esa época. La casa está en ruinas y la guía indica que no tiene un uso previsto (aunque pertenece al Museo de la Ciudad). Me interesaba verla, y fui a la dirección que da la guía, Defensa 455-463. Pero ahí sólo encontré un edificio de Luz y Fuerza y el Edificio Calmer, racionalista, quizá de los años 40, emplazado en el solar donde nació Manuel Belgrano.
Al no encontrar la casa Ezcurra en la dirección dada, pensé que el error era mío; recorrí varias cuadras por Defensa y alrededores, pero nada. Entonces llamé a Carolina para que me lo buscara en la red. Mientras hablaba con ella iba por Defensa hacia la Plaza de Mayo; me dijo que me volvería a llamar en unos minutos con la información y cortamos. Doblé por Alsina y, de repente, vi la casa. Estaba junto a los Altos de Elorriaga, frente al Museo de la Ciudad y La Puerto Rico. En eso me llamó Caro y me lo confirmó.
En la guía viene esta información:
Durante la época de María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación, esposa de Juan Manuel de Rosas, se celebraban en la casa reuniones y encuentros políticos, como relata José Mármol en su obra Amalia.
No había leído esa novela, así que decidí ir a buscarla. Fui hasta Corrientes. Mi memoria visual me avisaba de que había visto un ejemplar en una librería de viejo la semana anterior. Incluso recordaba exactamente dónde estaba el libro. Compré la edición de Estrada (Buenos Aires, 1944), en dos volúmenes, con prólogo y notas de Adolfo Mitre: por $10, un regalo.
Esta mañana me reía de mí mismo: hace 20 años hubiera leído la novela, 800 páginas, en tres tardes. Pero a los 43 años ya no tengo la paciencia lectora de entonces, han pasado las tres tardes y sólo he leído 300 páginas. También tengo otras muchas ocupaciones, claro.
María Josefa Ezcurra fue amante de Belgrano y tuvo un hijo suyo, que fue criado en una de las estancias de su hermana y su cuñado. Al parecer María Josefa era una mujer de gran belleza.
Pero lo interesante es que en el libro encontré a María Josefa Ezcurra en precisamente en polo opuesto de todo su esplendor. La visión que tenemos de ella es la que permite Mármol, que al estar contra los federales, y al ser esta novela una diatriba contra el régimen de Rosas, la señora Ezcurra aparece como una especie de monstruo.
En la novela, el protagonista envía a su bella novia a casa de María Josefa como espía. Copio fragmentos de lo que escribe Mármol. En la casa hay…
... una multitud de negras, de mulatas, de chinas, de patos, de gallinas, de cuanto animal ha creado Dios, incluso una porción de hombres vestidos de colorado de los pies a la cabeza con toda la apariencia y las señales de estar, más o menos tarde, destinados a la horca… [En la sala estaban] dos mulatas y tres negras que, cómodamente sentadas, y manchando con sus pies enlodados la estera de esparto blanca con pintas negras que cubía el piso, conversaban familiarmente con un soldado de chiripá punzó, y de una fisonomía en que no podía distinguierse dónde acababa la bestia y comenzaba el hombre… seis personajes que, por una ficción repugnante de los sucesos de la época, osaban creer, con toda la clase a la que pertenecían, que la sociedad había roto los diques en que se estrella el mar de sus clases obscuras, y amalgamándose la sociedad entera en una sola familia… [Se va viendo por dónde corren los prejuicios sociales de Mármol] Entretanto, doña María Josefa [...] ponía una sobre otra veintitantas solicitudes que habían entrado ese día, acompañadas de sus respectivos regalos, en los que hacían no pequeña parte los patos y las gallinas del zaguán, para que por su mano fuesen presentadas a Su Excelencia el Restaurador, aun cuando Su Excelencia estaba seguro de no ser importunado con ninguna de ellas… Baste decir, por ahora, que en la hermana política de don Juan Manuel de Rosas estaban refundidas muchas de las malas semillas, que la mano del genio enemigo de la humanidad arroja sobre la especie, en medio de las tinieblas de la noche, según la fantasía de Offmann. Los años 33 y 35 no pueden ser explicados en nuestra historia sin el auxilio de la esposa de don Juan Manuel de Rosas que, sin ser malo su corazón, tenía, sin embargo, una grande actividad y valor de espíritu para la intriga política: y los 39, 40, y 42 no se entenderían bien si faltase en la escena histórica la acción de doña María Josefa Ezcurra…
Procede a pintarla como una mujer vieja, fea, desdentada, con pelo de estropajo, mal aliento, mentirosa e intrigante. Hace todo lo posible para que el lector se ponga en contra de esta mujer. Pero es que Mármol escribió una novela contra Rosas, y claro, nadie que tuviera algo que ver con él podía quedar bien.

1 Respuesta a "La casa de María Josefa Ezcurra"
may 4, 00:38
Hay que tener cuidado porque Mármol no mintió. Los vencedores escribieron la historia y mintieron un poco, pero los que mintieron mucho más fueron los pseudo “revisionistas”. Es al revés de lo que parece. La verdad es una paradoja dicen los japoneses. Rosas fue una persona excecrable, huyó en la batalla final, dejando a su ejército sin jefe y se refugió en Inglaterra, no gratis, sino porque primeo había pagado entregando nuestras Islas Malvinas. Por favor, además de leer historia, hay que deducir por uno mismo. Sarmiento y Mitre no fueron gloriosos, pero Rosas era peor.