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Apareció la semana pasada un artículo en La Nación acerca de una línea de transporte público ilegal en la Villa 31. Inmediatamente me llamó la atención ese énfasis en la ilegalidad—todo titular es un énfasis. Al leer el artículo, vi que en ningún momento, su autor hace referencia a la autogestión, a la iniciativa, a la identificación de ciertas necesidades que conduce a la creación de una nueva empresa. Y La Nación no es anti-capitalista, ni anti-empresa. Pero puede que sea anti-Villa 31.
Las villas, según el lugar común, son espacios de miseria, de violencia, de venta y consumo de drogas. Pero también son espacios de oportunidad para personas y familias que empiezan sin nada, o con muy poco: inmigrantes de otros países o de otras provincias. Y eso es lo que hay que enfatizar, creo, la villa como espacio de oportunidad, de crecimiento, de comercio y de trabajo.
El artículo hacía referencia a un problema grave de circulación que hay en esa villa: una parte queda del otro lado de las vías y no hay otra salida, la gente tiene que cruzarlas a pie, con riesgo de ser atropellada por un tren. Hace poco, cuando se empezó a levantar un muro que bloqueaba ese paso, la gente de la villa puso un piquete en las vías, y en diciembre pusieron uno en la autopista que pasa por un lado.
¿No es esta una gran oportunidad, para la Ciudad, de negociación con la Villa 31? Evidentemente toca poner un puente peatonal, por lo menos, en ese lugar de paso. También se puede regularizar ese nuevo transporte público que ha surgido ahí. Hay cosas que hacer, y siempre que las hay, si se le da la vuelta a la moneda, aparecen como una gran oportunidad política. El Ing. Macri, puede aprovechar esa oportunidad de mejorar la vida en la Villa y acumular con ello capital político, o lo puede hacer el gobierno de la Nación. O puede que no lo haga nadie.
Eva Perón decía que una necesidad es un derecho. Visto del otro lado, una necesidad es una oportunidad.


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