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Gentrificación

nov 11, 09:16


Al parecer, un neoyorquino es alguien que siente nostalgia por Nueva York. Se entiende. Manhattan se está llenando de rascacielos de lujo mientras desaparece todo lo que hacía interesante la isla a pie de calle. Los barrios se están gentrificando a marchas forzadas. Desaparecen los comercios tradicionales. Bares y restaurantes de toda la vida cierran. Nueva York no es lo que era; se va conviertiendo en una ciudad para ricos que expulsa su famosa diversidad hacia los márgenes.

Londres más o menos lo mismo. Hay barrios tradicionalmente lujosos en los que no vive nadie; la clase milmillonaria global compra ahí casas para tener un pie en la ciudad y hasta la ciudadanía, lo que les permite operar en Gran Bretaña y la Unión Europea.

Por suerte, Buenos Aires no llega a tanto. Hemos perdido Palermo, es verdad, lleno como está el barrio de tiendas de diseño y hipsterismo y consumo de clase media bien. Ahora eso se extiende hacia Villa Crespo, pero la palermización en ese barrio todavía está verde, con galerías de arte y una movida más o menos interesante.

Se intentó palermizar San Telmo, pero los precios del metro cuadrado subieron demasiado rápido; la especulación frenó la gentrificación. ¿Quién lo hubiera dicho? No hay suficiente dinero para palermizarlo todo; o ese dinero está en otra parte. San Telmo quedó a medias, un barrio bonito para los turistas y la feria de domingo.

Hace unos años, se intentó con Barracas, que iba a ser el Distrito del Diseño. Pero Barracas queda demasiado al sur para la gente a la que le interesa el diseño. Y el Centro Metropolitano de Diseño, en el antiguo Mercado de pescado, queda demasiado cerca de la villa. Por Avenida Montes de Oca se ven algunos edificios nuevos, pero la construcción no se extiende demasiado.

Parque Patricios se está gentrificando gracias a su designación como Distrito Tecnológico. Esa designación subió los precios del metro cuadrado y frenó la creación de un verdadero distrito dedicado a la tecnología, pero va creciendo igualmente. Ayudó mucho que el Banco Ciudad se arrepintiera de su nueva sede y el Gobierno de la Ciudad la tomara para sí. Ahora empieza a haber lugarcitos medio hipsters para comer, que cierran a media tarde cuando los oficinistas de la Ciudad se van.

Eso sí, el parque está mucho mejor, más cuidado y vigilado. Las familias le sacan todo el jugo posible, cuando hace unos años no se atrevían a pasar por ahí.

Buenos Aires, a medio gentrificar, sigue siendo una ciudad intensa, sobre todo en cuestiones de cultura. Ni la Nación ni la Ciudad saben muy bien qué hacer con sus instituciones culturales, pero la gente de la cultura está más o menos acostumbrada a operar por su cuenta. El día que los políticos se den cuenta de que las instituciones culturales sirven de rompehielos para la gentrificación, puede ser que las financien como es debido.


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