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Esnobismo y apertura

may 31, 20:05

Nunca se sabe. Nunca se sabe lo que espera a la vuelta de la esquina. Creo que si tengo una ideología, o una idea que me guía por la vida, es esa. Y como todo creyente, soy de la opinión de que quien no piensa como yo está profundamente equivocado y/o es tonto. Soy de la opinión de que mi idea-guía conduce a la humildad ante las cosas que ocurren, tanto los grandes eventos como los pequeños y cotidianos; y que la humildad sirve para mantener la mente abierta a las posibilidades que ofrecen esos eventos. La función del arte, arriesgo, es crear oportunidades de apertura.

Ayer tuve la ocasión de acompañar a tres jóvenes galeristas mexicanos por ArteBA. Lo que pretendían era establecer conversaciones con galeristas argentinos y, con suerte, llegar a intercambios que pudieran ser fructíferos para todos. Este tipo de alianzas son comunes en el mundo del arte, y yo diría que esenciales si queremos que el arte latinoamericano llegue a un reconocimiento global no-colonizado por las necesidades y obligaciones de los galeristas y coleccionistas norteamericanos y europeos—aunque excluirlos resultaría más bien contraproducente.

Así que les hice una pre-selección de las galerías porteñas que me parecen más dadas al diálogo. Luego, yo hacía las presentaciones y los mexicanos contaban su proyecto. En la mayoría de los casos lograron una cita para sentarse a hablar una vez terminada la feria. En algunos casos su idea no provocó interés alguno. Y en un caso nos dimos de bruces con un espectáculo de soberbia que me hubiera encantado retratar cuando me burlaba de todo junto a la Internacional Melancólica (el mejor cabaret poético, político y barato de varias partes de Valencia, alrededores no incluidos).

Fue en una de las galerías españolas. La mujer quiso subirse a la parra: dijo que esa era una “galería muy grande”, que ya tenían las exposiciones programadas para los próximos tres años, que no tenía tiempo para intercambios, todo dicho en un tono de autosuficiencia verdaderamente lamentable. La vergüenza ajena que sentí se disipó más tarde con las risas de los mexicanos. Más tarde, cuando ya me había despedido de ellos, y estaba afuera fumando, me volvieron a la cabeza los argumentos de la galerista española, y entonces fui yo el que se reía.

Para empezar, en ArteBA no hay galerías “muy grandes”. Las hay antiguas, las hay con bastante prestigio (eso que se disipa con unas pocas decisiones mal tomadas), las hay incluso importantes a nivel latinoamericano, pero no las hay grandes. Grande, en el mundillo del arte, significa global. Significa que la galería representa a una o varias de las estrellas millonarias de ese mundillo, y que sus clientes son los coleccionistas más importantes, los que son capaces de comprar toda una exposición, por ejemplo. Grande también significa que la sede principal de la galería está en una de las capitales mundiales del arte: Nueva York, Londres, quizá Shanghai; y que acude a las ferias verdaderamente exclusivas, como ArtBasel (en Basilea o Miami, y me refiero a la feria central, no a las satélites que surgen simultáneamente), o algunas de las medianas pero de buena reputación, como Frieze (en Londres). ArteBA es una feria con aspiraciones legítimas, pero pequeña. El arte argentino, por una serie de limitaciones, casi todas administrativas o burocráticas, no cuenta con el prestigio del arte de otros países. No se da una migración general de coleccionistas a Buenos Aires en mayo. Y la feria no atrae a galerías “grandes” del exterior: todavía no. Así que lo de que esa galería española sea muy grande, no cuela.

Dijo también la mujer que ya tienen programadas las muestras para los próximos tres años. No es que yo sea un experto, pero es la primera vez que oigo decir algo así. Me lo creo si alguien a media temporada me dice que ya programó la que viene y parte de la siguiente. El argumento de los tres años da a entender que no se está dispuesto a recibir a un artista nuevo que realmente valga la pena, que no hay cintura para lidiar con cualquier contingencia (un artista que se va a otra galería, el mercado que cambia o la ampliación misma del programa de exposiciones). Significa también que no se está dispuesto a llegar a acuerdos con otras galerías, una actitud que limita el alcance de la galería y por la que los artistas que ésta representa deberían protestar. Si yo a un artista le digo que no me interesa que exponga en otros países (¡en plena globalización!) el artista en algún momento llegará a acuerdos con otros representantes que sí estén dispuestos a hacerlo.

Así que el tono de autosuficiencia de esa española, que tanta vergüenza ajena me produjo, se basaba en argumentos falsos. Ese tono funciona cuando eres autosuficiente de verdad, pero si lo eres, dudo mucho que tengas oportunidad de usarlo. Somos bichos sociales y el autosuficiente, si es que existe, vive aislado. Y el arte es siempre social: todos los valores se deciden en un grupo que no es ni pequeño ni homogéneo, además de estar sujeto a modas, discursos contrarios, propuestas nuevas o antiguas pero vueltas a la vida. Hace diez años la pintura había muerto; hoy disfruta de un auge extraordinario que se podría venir abajo antes del principio de la próxima década.

Por autosuficiencia también podría decir esnobismo, esa puerilidad que los miedosos y los medianos demuestran cuando se sienten inseguros. ¿Me estoy poniendo dickensiano? En cualquier caso, siempre se trata de una actitud que desvela inseguridad. También es cierto que el mercado del arte (y del arte en sí, ni se diga) siempre ha sido poco seguro: hasta los más grandes se vienen abajo, sorprendiendo a muchos y produciéndoles más placer que cualquier cosa que les ocurra en sus propias vidas. Qué triste.

Por último, me gustaría definir el esnobismo como una falta de apertura. Es miedo, como he dicho antes, y la apertura siempre incurre en el peligro de invitar al otro. En el arte, el esnobismo es una forma de no ver, de recorrer los salones con ojos cerrados, para no dejarse invadir por la heterogeneidad que en las últimas décadas ha sido la tarea de las artes conocer y aproximar. Las artes lo han tenido que hacer porque las instituciones se negaron después de una primera apertura en los años 60. Pero las artes han seguido su labor de apertura (con lo que los críticos esnobs lamentan como el “todo vale”), y han logrado cambiar algo (en las luchas de las mujeres, los homosexuales y los grupos discriminados racialmente por conseguir el reconocimiento como seres humanos y como seres sociales y civiles, por ejemplo). En lo estético, las artes visuales están más abiertas que nunca y muchos galeristas, que antes y después de todo son comerciantes, con la limitación de intereses que eso implica, las han apoyado, defendido y financiado. Esto implica diálogo con otros, con los otros, y apertura… exactamente lo opuesto del esnobismo.


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