El verano en Buenos Aires
ene 13, 17:38
Siempre que vine a la Argentina, antes de instalarme en Buenos Aires, fue en invierno o en primavera. Nunca en verano. En la primavera del 2007 se me ocurrió comentarle a alguien que estaba a punto de pasar mi primer verano aquí. Se echaron las manos a la cabeza: “¡El verano en Buenos Aires es terrible, insoportable!” Me lo creí, preparándome el cerebro para pasar unos meses a la valenciana, por lo menos.
En diciembre de ese año pasamos un par de semanas en la Costa. Por los medios, llegaban noticias de una horrible ola de calor en la ciudad. En la costa teníamos fresco por la mañana y por la noche, algo de calor durante el día, tormentas de vez en cuando: todo muy soportable y tranquilo. No soy playero, así que me daba igual si no nos podíamos tumbar como lagartijas al sol en la playa; lo que sí hice fue recorrerme kilómetros y kilómetros de playas, a veces incluso desiertas.
Cuando volví a la ciudad, me traje una tormenta de la costa. El autobús viajaba ligeramente más rápido, así que siempre íbamos justo por delante de ella. Sin embargo, había tanto tráfico en la entrada de Buenos Aires y para llegar a la estación de Retiro, que, sumando ese tiempo con el que me llevó llegar a casa en colectivo, fue asomarme a la ventana de la cocina y ver como estallaba la tormenta en todo su esplendor. Al día siguiente, veintipocos grados, fresco.
Eso fue la primera semana de enero del 2008. Y durante el resto del mes y febrero, no llegué nunca a sentirme abrumado por el calor. Yo estaba preparado para 40 grados con la humedad alta, condiciones que te tumban, que te dejan cansado cuando aún no has hecho nada. Pero nada. Como mucho habremos llegado a 35 en algún día aislado, y nunca sentí pesadez alguna.
Y este año igual, aunque no he ido a ningún sitio. La ola de calor de diciembre tenía a todo el mundo diciendo que el verano sería “de nuevo” insoportable. Y todo lo contrario. Llegó enero y hemos pasado muchos días a veintialgo. Mientras escribo esto, estamos a 23°, nublado, con una ligera brisa que refresca un poco. La previsión es que llegaremos a 30°. No lo creo.
El caso es que los veranos en la ciudad son de lo más placenteros. La temperatura es agradable, no hay tanta gente por la calle, el tráfico se reduce de locura a intenso y se puede caminar con bastante tranquilidad. Luego, si por la noche uno decide sentarse en una terraza a tomarse una cerveza con los amigos, llevarse una chaquetilla ligera es buena idea. Por la noche refresca.
