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El taller de Ral Veroni

mar 27, 15:13


A Ral Veroni lo conozco desde el 2005, cuando cuando vivíamos los dos en Valencia. Ahí empezó nuestra conversación, que perdura. Al año siguiente, cuando vine a Buenos Aires con la Internacional Melancólica, Veroni me cedió su taller como vivienda y refugio. En esa época, el lugar era cómodo pero no estaba arreglado, claramente se trataba de un lugar de trabajo, más que de un sitio donde vivir a la burguesa.
Veroni y su compañera volvieron a Buenos Aires para instalarse en el 2006, pero no viven en el taller, que ha vuelto a su función primordial de lugar para los viajes intersticiales de este artista, que no sé si tildar de dibujante conceptual. Los souvenirs traídos de estos viajes son arte del más potente que se produce en la actualidad en este país.
De vez en cuando lo llamo y me paso por su taller a tomar algo, charlar y echar un vistazo a sus últimos trabajos. La última vez que estuve me mostró una libreta llena de los dibujos que estuvo haciendo durante el verano. Otra no me quedó que sentirme impresionado por la calidad y fuerza de ese material.

El taller, que Veroni ha ido arreglando en el último par de años es un departamento tipo PH (aunque está en el segundo piso) con un pasillo a cielo abierto y dos ambientes, además de baño y cocina. En uno de los ambientes, está la biblioteca, llena de poesía, filosofía, historia y libros de arte. Siempre me ha hecho gracia que Veroni no lea novelas. Es como un prejuicio extraño, ¿no? Yo tampoco leo muchas, pero no tengo una moratoria personal en su contra.
En el otro ambiente, está el taller propiamente dicho. En otros momentos, desde que Veroni lo ocupa, éste fue un taller de pintura, de serigrafía, según el medio al que le estuviera dedicando más atención. Ahora es un taller principalmente de dibujo, medio al que Veroni ha dedicado toda su energía poética y política. Sus dibujos no están exentos de un discurso moral que enseguida se vuelve político. Esto no quita que sean divertidos; lo que hay que saber es que cualquier arte serio siempre deriva en algo más que el puro entretenimiento.

Me contaba Veroni que él ocupa este espacio desde 1997. Sus vecinos más antiguos llevan en el edificio uno desde 1977, y otro desde 1947. Todo sietes. Al parecer los dos recuerdan una noche de finales de los ’70 en que el departamento donde ahora está el taller fue allanado por la policía, que arrestó a un hombre que se alojaba ahí, no saben si porque era montonero, o un estudiante, nadie está seguro. Veroni me mostró la puerta, derribada y rota aquella noche, hoy todavía ahí pero reconstruida y reforzada. Provoca un escalofrío que una historia terrible haya tenido lugar en un sitio que uno conoce de manera cotidiana.
Veroni tiene una especie de adicción a la tranquilidad. Sus viajes, las crisis económicas y otros avatares de la vida supongo que lo habrán predispuesto a ello. Y en su taller se ha armado un espacio tranquilo, donde poder estar con sus libros y sus trabajos. De vez en cuando, también vienen los amigos y les ofrece un ambiente en el que se puede charlar y tomar algo lejos del alboroto de la ciudad a pocos metros del taller. Siempre he pensado que no se puede dividir la vida y el trabajo, el riesgo es la alienación. Espacios como éste, lo confirman de manera positiva.

[Las tres fotos que aparecen en este post son de Bruno Dubner]


1 Respuesta a "El taller de Ral Veroni"

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