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Ayer subimos, Carolina y yo, al tranvía que sale de Emilio Mitre y da una vuelta (corta) por algunas calles de Caballito. Es un tranvía ceremonial, de paseo, que sólo funciona los domingos, y creo que los sábados. Gratis.
La Asociación Amigos del Tranvía se dedica a restaurar esos vehículos con la meta de mantener viva la idea del tranvía y su viabilidad en la actualidad y el futuro. Yo tiendo a estar de acuerdo con ellos, aunque se enfrentan a la oposición muy agresiva de las empresas de colectivos.
El viajecito sale gratis, o casi. Hay que pasarse media hora en el tranvía detenido en mitad de la Avenida Rivadavia mientras el motorman suelta una perorata en defensa de los tranvías y vende souvenires para captar dinero para la asociación. La media hora se hizo larga porque nuestro guía se metió en una bronca con varios pasajeros que estaban en desacuerdo con él en varios puntos. Él defendía el tren bala, por ejemplo, y los pasajeros se quejaban de los precios que se le rumorean; pero él tenía razón cuando decía que ese tren no compite con los autobuses, sino con el avión, que nuestros compañeros de viaje alegaban tampoco podían pagar. Un anciano dijo que el tren bala era una locura y el motorman, de sesenta y bastantes años le espetó que él se apunta al progreso y así se mantiene joven. Luego alegó que todas las grandes obras de transporte acometidas en el país desde mediados del siglo XIX se han topado con las mismas quejas y críticas que el tren bala ahora. Después se ganó la enemistad eterna de unos pasajeros rosarinos cuando dejó caer que en Rosario y en Córdoba el tren subterráneo es inviable, que hay que poner tranvías. Yo tendía a estar de acuerdo con él, pero me quedé calladito para no darle más cuerda, y porque tampoco me interesaba discutir sobre la forma más eficiente de articular el país con la gente que me rodeaba. En realidad lo que me apetecía era terminar el viajecito e ir a tomar una cerveza.
En todo caso lo pasamos bien. Compramos unas revistas sobre tranvías para cooperar (mínimamente) en la restauración de tranvías antiguos. Y volvimos a casa a comer y a echar la siesta obligatoria de los domingos.


1 Respuesta a "De tranvías y otras broncas"

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