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Conocimiento ficción

oct 24, 10:17

Por un conocimiento popular

La economía es global. Por mucho que nos concentremos en lo local, nunca podremos aislarnos lo suficiente como para tener una economía potente, satisfactoria para casi todos. Pero esa economía global exige un crecimiento constante, no sólo de la productividad, sino de las habilidades y conocimientos de los agentes que en ella funcionan. En otras palabras, una educación constante, incesante.
Nunca me ha gustado la imposición de intereses, típica de la cultura del pasado. Si a usted no le gusta la ópera, no vaya; y no pasa nada, habrá otras cosas que le interesen más. Y creo que el aprendizaje, lo que hace falta para acceder a cualquier objeto cultural, tecnológico, científico, y para unos cuantos, poder hacer cosas, innovar, con ese objeto, se puede lograr más allá de las escuelas y universidades, aunque sin excluirlas.
Y es como un sueño que no para de venirme a la mente, dormido, despierto: un país donde el conocimiento, no el consumo, sea el mayor fetiche.
Para llegar ahí se me ocurre la creación de clubes. Clubes de matemáticas, de computación, de poesía, de física, de lo que a usted se le ocurra. Clubes sociales, sí, pero dedicados a un tema. Usted puede unirse a todos los que el tiempo y sus intereses le permitan.
En estos clubes, se ayudaría a los chicos con la tarea de la escuela, claro. Pero también, los miembros se dedicarían a explorar un tema, la geometría, por ejemplo, por su cuenta, en grupos, ayudándose unos a otros, por puras ganas de aprender.
Hay montones de clubes y ateneos políticos por todo el país; clubes sociales y deportivos; asociaciones—esas podrían ser las sedes.
En un club se podrían dedicar a la computación. Le enseñarían a cargar linux en su computadora y le darían algunas nociones básicas de programación. Luego, entre su propia iniciativa y el contacto con otros miembros del club, iría aprendiendo a programar, a manejar mejor sus dispositivos electrónicos. ¿Quién sabe?, de ahí podrían salir micro-empresas dedicadas a inventar aplicaciones para móviles, o nuevos servicios de internet.
Eso en lo más práctico y casi inmediato. Imagino que con el tiempo los clubes se irían haciendo más sofisticados, algunos más exclusivos, otros más abiertos: los mejores se enorgullecerían de la cantidad de poetas o científicos que estudiaron y aprendieron ahí. El prestigio social siempre es un gran aliciente.
Imagino un club en la City, adonde pudieran ir jóvenes que trabajan en los bancos y empresas de la zona a aprender a mejorar sus habilidades comunicacionales. Cómo se escribe una carta (las empresas se siguen comunicando por escrito), cómo se hace una presentación en vivo, en video, por skype. ¿Y un club de derecho, donde cualquiera pudiera ir a aprender sobre tal o cual ley, la que le interese? O un club de cocina, o de mecánica, o de física cuántica, o de reparación de celulares. ¿Qué tal un club del cáncer, donde pacientes, familiares, amigos y cualquiera que estuviese interesado pudiese aprender todo lo que quisiera sobre el tema?
En los clubes se aprendería en grupo, individualmente, unos ayudando a otros. Un aprendizaje social.
Evidentemente habría quejas de los profesionales, de los intereses creados del conocimiento. Pero si algo así prendiera en todo el país, la ola popular del conocimiento sería imposible de contener.
Imagino al padre llevando a su hijo de 7 años al club de matemáticas como ahora lo lleva al de fútbol. Imagino familias de eruditos musicólogos que vienen de una villa, o familias de expertos en los sistemas de computación de los autos que vienen de Recoleta. Imagino hijos rebeldes que se suman al club de sánscrito de su barrio, causando un disgusto enorme a su madre, que es la presidenta del club de neurobiología que queda a tres cuadras de casa.
Imagino un país en el que el ocio es dedicado al conocimiento, más que al consumo. Imagine usted al pueblo enseñando al pueblo el tema que sea. Cada quien según sus intereses y habilidades, desarrollándolos, poniéndolos en práctica, incluso innovando: una especie de crowdsourcing analógico, hecho de personas en contacto y conversación con otras personas. Nadie quedaría excluido del conocimiento.
No sé si ese sería un país o una nave espacial, pero llegaríamos a lugares que ahora son imposibles de imaginar.


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