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Anoche estuve en la inauguración de la exposición de Pepe Martín. En broma le dije que lo suyo era drip-painting con dibujitos. Para mi sorpresa se lo tomó con el mismo sentido del humor con el que yo lo decía. Los artistas, especialmente en las inauguraciones, brillan por la falta de sentido del humor en lo referente a su obra.
Los cuadros de Pepe tienen una intensidad que sorprende a primera vista y sigue sorprendiendo conforme uno los mira y absorbe. En realidad, tienen dos intensidades que operan en conjunto para llegar con toda su fuerza al espectador. Una es el tema: el boxeo. Las figuras delatan toda la fuerza y la emoción de ese deporte que a tantos da asco por su violencia (precisamente porque consiguen su dósis de violencia espectacular en los telediarios y en el cine).

La otra intensidad proviene de las manchas de color, que aportan movimiento y, por eso, la sensación de que algo va a pasar, está pasando, ha pasado pero todavía no termina de pasar. En otras palabras, acción, y mucha.
Son cuadros que a primera vista parecen abstractos, a segunda figurativos y a tercera una mezcla de las dos cosas. Creo que esa es la intensidad combinada que quiero describir.
Se pueden ver en Espacio Y hasta el 30 de agosto.


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