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Calles y rubros

jul 17, 19:36

En mi cuaderno he ido anotando calles en las que los comercios tienden a especializarse en una sola cosa. El título de la entrada es: “Calles de un solo gremio”. Luego descubrí que aquí, en lugar de gremio, dicen rubro. Lo busqué en el diccionario y pone que rubro se refiere más bien al título de algo, al letrero. Así que llamar rubro a un gremio, o a una actividad económica, como dicen los burócratas españoles, es una innovación, probablemente también burocrática, de aquí.

Estas calles de un solo rubro son muy antiguas. Se sabe que las ciudades se organizaban de esta manera; había una calle de los talabarteros, una de los cesteros, otra de los ebanistas, de libreros, etc. En Valencia, donde viví bastantes años, muchas de las calles de la ciudad vieja todavía llevan el nombre del gremio que las ocupaba; mi favorita: la calle de la cordelería (corretgeria, en catalán); aunque también existe una calle de los juristas y otra de las comedias (ahí estaba el corral de comedias, o teatro, en el siglo XVII).

Alguien me dijo, hace muchos años, que en Calcuta hay una calle llena de cafés con librería, en los que puedes sentarte y pedir un café y un libro. El camarero también es librero. Luego puedes simplemente leer y dejar el libro cuando te vas, o comprarlo. Ir a ver esto siempre ha sido mi única razón para ir a la India; pero no he tenido tiempo. he vivido toda la vida entre libros, y es algo de lo que no me canso nunca. De hecho, lo que más me interesaba de Buenos Aires la primera vez que vine, era recorrer la calle Corrientes, conocida por sus cafés, sus teatros y, sobre todo, sus librerías.

En Buenos Aires todavía quedan algunas calles gremiales. Germinal Nogués, en su interesantísimo Buenos Aires, ciudad secreta, comenta algunas. Yo copio una parte y aporto algo más de información en la lista que sigue.

  • Paraná, entre Rivadavia y Corrientes: electrónica y artículos de pesca
  • Scalabrini Ortiz: lanas
  • Libertad, entre Rivadavia y Corrientes: joyerías; y entre Corrientes y Lavalle, electrónica de segunda mano
  • Lavalle: telas y mercerías
  • Larrea: lencería
  • Defensa: antigüedades
  • Pasteur: relojerías
  • Belgrano: muebles
  • Talcahuano, llegando a Córdoba: ortopedias e instrumental médico; y entre Corrientes y Lavalle, librerías de Derecho

Estas son las que he recorrido, y añado las que me pasa Roberto en su comentario:

  • Vicente López, entre Azcuénaga y Pueyrredón: cabarets y compañía femenina por un puñado de dólares
  • Reconquista, entre Paraguay y Alem: bares pseudo irlandeses
  • Warnes: repuestos y piezas de automóviles, de segunda mano
  • San Martin, entre Corrientes y Rivadavia: bancos y casas de cambio de moneda
  • Godoy Cruz, entre Córdoba y Santa Fe: travestis (hasta que los corrieron al Rosedal)

Pero seguro que hay más, así que conforme vaya sabiendo de ellas, las incluiré en la lista.


5 Respuesta a "Calles y rubros"

  1. Roberto Padilla dice:

    Agrego yo, Roger:
    Vicente López, entre Azcuenaga y Pueyrredón: cabarets y compañía femenina por un puñado de dólares.
    Reconquista, entre Paraguay y Alem: bares pseudo-irlandeses.
    Warnes: repuestos y piezas de automóviles, de “segunda mano”.
    San Martin, entre Corrientes y Rivadavia: Bancos y casas de cambio de moneda.
    Godoy Cruz, entre Cordoba y Santa Fe: travestis (hasta que los corrieron al Rosedal).

  2. Roger dice:

    ¡Genial!

    Y acabo de acordarme, en Arroyo hay un montón de galerías de arte, ¿no?

  3. Elida Acri dice:

    Ya no será imprescindible ir a Calcuta para sentarse en una librería y saborear un cafecito mientras se lee un libro.Los camareros no son libreros pero sí hay asistentes que orientan a los lectores.
    Actualmente en Buenos Aires,la Librería El Ateneo, en Santa Fe y Callao, en el hermoso edificio reciclado del antiguo Cine-Teatro Grand Splendid, se puede acceder a la lectura de libros sin obligación de compra, en lugares muy confortables y aislados o bien en la mesa de un café-restaurante armado sobre el viejo escenario. En otras librerías de esa cadena también se puede disfrutar de la lectura en un salón acondicionado para el público lector.
    En otras ubicadas en distintos “Shopping” se anexa un barcito que ofrece la misma posibilidad, como por ejempl el Café Martinez en el Village Caballito en Rivadavia y Acoyte

  4. Roger dice:

    Hola Elida
    Extrañamente o no (no lo sé), nunca me ha dado por tomar algo en el Ateneo, en ninguno. Falta calle, falta tabaco, falta estar a gusto. Lo mismo me pasaba en EEUU, en Barnes&Noble, por ejemplo. Tampoco me he tomado nunca un café en la Gandhi de Corrientes, que es aún menos acogedora. Creo que la respuesta está en que todos estos cafés en realidad están separados de la librería, por el personal que trabaja ahí y por la clientela que va. Son como añadidos, en lugar de ser una y la misma cosa. Luego está la idea de que haya toda una calle de cafés-librería, y no una librería que incluye un café pero está separada del resto de sus
    negocios por paredes y distancias.
    También hay otra cosa: suelo ir más por las librerías de viejo. Esta mañana, por ejemplo, fui a hacer fotos para este blog; encontré en una librería de viejo no muy surtida, sólo para mirar, y salí con Poesías completas, de César Tiempo, en perfectas condiciones. Gasto total: 3,50 pesos.

    En fin. Creo que eso de las librerías de Calcuta no es más que un sueño y que aunque fuera y encontrara el lugar, no se parecería en nada a lo soñado: sería una decepción. Por muchas que he conocido en viajes, y en todos los lugares en los que he vivido, todavía no he encontrado la librería perfecta. Será porque no existe.

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