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Café de García

ago 3, 18:16


El viernes pasado fuimos con Pep, Gemma y Andrés a comer al Café de García en Villa Devoto. Yo había estado en dos ocasiones anteriores, ambas después de una inauguración en Caja de Arte, y ambas con mi compañero de aventuras restauranteras, Alberto Méndez, la última el sábado anterior.
Ese día hacía frío y Alber no quiso sentarse fuera, donde se puede fumar, así que entramos, y para mi sorpresa, descubrí que en el García tienen también un salón fumador. Si el lugar ya me gustaba, ahora podía convertirse en uno de mis favoritos.
Seis días después, con mis amigos españoles, fumadores empedernidos, decidimos ir. Como Andrés y yo teníamos que decidir algunas cosas en cuanto al blog y yo quería que dibujara el Café de García (además de que hacía tiempo que no nos veíamos las caras), lo llamé y quedamos.
Al llegar al Café, no había sitio en el salón fumador. El dueño me reconoció de la vez pasada y tuvimos una breve conversación. Decidimos tomar una cerveza mientras se desocupaba una mesa en el salón interior.
El Café de García es un clásico de Villa Devoto. Conozco a gente en la ciudad cuyos padres o abuelos iban ahí a jugar al billar, para el cual hay dos mesas, además de otra para jugar al pool, menos interesante. El bar está decorado con fotos antiguas, carteles, publicidades y dos banderines del Barça. La barra es espectacular, de esas grandes que había antes, aunque ya no la usan los clientes, una costumbre que en Buenos Aires se ha perdido.

El salón fumador es un verdadero museo de antigüedades: armas, equipo de deportes, herramientas de trabajo y de cocina, botellas, cajas de diversos productos, un mapa de la zona de cuando se loteó. Es un espacio—cómodo con dos buenas ventanas para ventilar cuando hay mucho humo—en el que la vista no tiene tiempo de aburrirse.
El camarero no trae el menú, sino que recita los platos del día. Uno tiene que estar atento porque la retahíla viene a toda velocidad.
Andrés y yo pedimos la milanesa napolitana con fritas, Pep y Gemma prefirieron los ravioles con estofado: todo bueno. Comimos bien, bebimos bien, la conversación iba de risas, pedimos café, nos quedamos un buen rato, principalmente porque estábamos tan a gusto.
El Café de García tiene una picada especial que ofrece los jueves, viernes y sábado por la noche. Se compone de multitud de platitos, bebida, y creo que postre y café. Lo que está bien pensado de esta picada es que es para ir a pasar la velada: hay que hacer reserva y la mesa es tuya para toda la noche. Probaremos y lo contaré aquí.

Este miércoles, Andrés añadirá un dibujo del bar: nos reíamos con lo de que escribir es más rápido que dibujar y que por eso aparece mi post antes que su dibujo. Pero claro, sólo estamos atendiendo a nuestro plan de publicación habitual.


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