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Boedo y Florida

jun 15, 19:53

En su libro Intersecting Tango: Cultural Geographies of Buenos Aires, 1900-1930, Adriana Bergero cuenta que las elites de principios del siglo XX salían a pasear por la calle Florida por la tarde, a una hora en la que el resto de la gente trabajaba. Yo añado que no sólo tenían tiempo para pasear, sino también para arreglarse antes. Porque había que arreglarse y mostrarse. Traduzco a Bergero:

Podríamos decir que los participantes disfrutaban de su paseo mientras los demás trabajaban porque en efecto pertenecían a un grupo de parásitos económicos. Pero si lo miramos más de cerca, podríamos verlos también como que trabajaban a su manera, invirtiendo su esfuerzo en hacer un espectáculo del privilegio. En efecto, están trabajando para producir ritos sociales que los legitimen. Así, en la geografía cultural de Buenos Aires, la calle Florida se convierte en un espacio público transformado en un lugar para la ostentación pública/privada de la elite. (p. 49)

Al leer esto, de repente me di cuenta del significado profundo de la distinción literaria entre Boedo y Florida. Siempre había sabido que el grupo de Boedo era primordialmente de escritores que vivían de escribir, que estaban enganchados al mercado y todas sus violencias, mientras que los de Florida solían tener dinero y no necesitaban vender lo que escribían. Sabía que esto marcaba una diferencia de clase social que los de Boedo (Barletta y Castelnuovo, principalmente) querían marcar desde abajo. Pero lo que no había entendido, y empiezo a ver ahora, es que la distinción era emblemática geográficamente en el sentido de una calle de absoluto privilegio—que en realidad ya no lo es—y otra que no llevaba a otro sitio que al arrabal.

Dante A. Linyera, en el tango Boedo, de 1928:

Sos barrio del gotán y la pebeta,
el corazón del arrabal porteño,
cuna del malandrín y del poeta,
rincón cordial,
la capital del arrabal.

Y de nuevo Linyera, en Florida del arrabal, también de 1928:

Boedo, Boedo,
la calle de todos,
la alegre Florida
del triste arrabal,
decile muy quedo,
decile a la piba
romántica y papa
que ya va a llegar.

O sea que en el tango, la poesía más claramente popular, la comparación entre Boedo y Florida era real. La geografía cultural de la ciudad, con todas sus señales, marcaba que Florida no era para el personal de a pie, y por eso se escribe Boedo como una Florida para ellos. No creo que sea envidia, sino una necesidad muy real de valorar lo que se tiene, o aquello a lo que sí se tiene acceso. Una necesidad vital de dar valor a la propia vida, en contraste con la derrota cultural impuesta por la elite por medio de sus palacios y sus lujos: el Jockey Club estaba en la calle Florida, que a su vez desembocaba en la Plaza San Martín, rodeada de palacios y el Plaza Hotel, emblemático en su época. La alta cultura de principios de siglo, con sus refinamientos y florituras buscaba marcar una clara superioridad de clase en favor de las elites de 1880 y del Centenario, cuya riqueza venía de sus grandes posesiones en el campo y, en menor medida, de la industria y las finanzas.
Así, las distancias y las fronteras dentro de la ciudad no eran sólo físicas, sino también culturales. Lo que empieza a ocurrir en los años 20 es que esa distancia empieza a ser valorada desde el otro lado. O sea, desde Boedo, desde el Sur, que también tiene sus fórmulas de prestigio. Era un asunto de pura supervivencia moral.


1 Respuesta a "Boedo y Florida"

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