Avenida San Juan (de Jujuy a Entre Ríos)
dic 18, 17:07

Esas cuadras de San Juan están en franca decadencia y en franco resurgimiento a la vez, como si la muerte de una ciudad trajera el nacimiento de otra. Tomé el subte A en Río de Janeiro, cambié al H en Once y volví a la superficie en la Estación Humberto 1º, que tiene salida por San Juan, justo delante del edificio de la asociación de inmigrantes japoneses. Crucé la avenida y me senté en la terraza de la Pizzería Doménica, donde me atendieron sorprendentemente bien (visto el percal del servicio en muchos establecimientos de la capital), para tomar un café y empezar a respirar el ambiente de la zona. El camarero se olvidó de traerme una cucharilla y como se dio cuenta justo antes de servirme, me preguntó si yo había traído una por casualidad. Le contesté que no hacía falta, no tomo azúcar ni edulcorante con el café.

Por esa vereda y caminando hacia Entre Ríos di con dos librerías de viejo bastante bien surtidas, una en el 2189 y otra en el 1911. No es el tipo de zona comercial donde uno encuentra librerías de nuevo, y menos si son de las grandes cadenas. Pero que haya un par de viejo supone que hay lectores en la zona, y eso siempre es saludable. Todavía tengo no sé si el prurito de pensar que los libros son la única barrera contra la barbarie… paso varias horas al día en el siglo XIX, quizá sea por eso. Hay una panadería-confitería con solera en la zona también, en la esquina de Pichincha, con un nombre de esos que tanto me gustan, La helvética. Es grande y está bien cuidada, parece casi de lujo, como si el cansancio de la zona no la hubiera afectado.

Aquí si entré. Soy un veterano de los cafés, los bares y los restaurantes, y nada me arredra. Entré y hablé directamente con el encargado. El sitio fue una sombrerería hasta el año 50; Gardel fue uno de sus clientes, lo cuentan con orgullo todavía. Quiero escribir un artículo separado acerca de este lugar, así que ahora sólo haré un esbozo. El Miramar mantiene el ambiente de su pasado, se nota que hay placer y alegría en cómo lo llevan. La carta de vinos tiene doce páginas, y un plato habitual en el menú es el rabo de toro… tengo que ir a comer ahí.

Llegando a Entre Ríos crucé San Juan para emprender el camino de regreso por la vereda de enfrente. Ya de ida había notado que la avenida conserva edificios de principios del siglo XX, muchos en muy buen estado. Pero también hay muchas casas bajas, bastante pobres de aspecto, terrenos baldíos, y edificios altos, algunos de los años 70, otros en construcción. Es eso que decía al principio de la zona que muere y nace a la vez. Y no tiene por qué renacer en un sentido cutre, mal diseñado y construido, algo a lo que estamos habituados en todo el mundo. Este trayecto de San Juan todavía está en la cuerda floja, puede caerse de cualquier lado, o mantener el equilibrio.

Me llamó también la atención un local llamado Café del Biógrafo, nombre antiguo para los cines, pero el local era moderno y feo, dos categorías que no tienen por qué ir de la mano, aunque en este caso iban más bien abrazadas. Hay otros cafés, parrillas, pizzerías en la zona, algo envejecidos, oscuros. Me daban ganas de entrar, pero no quería tomar otro café (las drogas, siempre con moderación), y tenía que volver a casa a preparar la comida.
Así que llegué de nuevo a la Avenida Jujuy, que en su cruce con San Juan se convierte en la calle de los bazares. Tomé el subte E, la línea menos utilizada y peor conservada de todas, aunque a mí me gusta. En Avenida La Plata volví a la calle y caminé hasta casa. Compré pollo por el camino y lo preparé con jengibre al wok… no quedó nada mal.

1 Respuesta a "Avenida San Juan (de Jujuy a Entre Ríos)"
mar 29, 10:17
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