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Apuntes del natural 8

feb 1, 08:17

  • El otro día me encontré con esta pintada a media cuadra de mi casa. El esclavo de amor, esa figura inventada por los trovadores hace 800 años, sigue existiendo y manifestándose en las paredes de la ciudad, modernizada por la pintura en spray. Si yo fuera el dueño del comercio cuya persiana ha servido de papel para este poema, no lo borraría. Me gusta también la premura heredada de la escritura en SMS con el + y el q. El amor en los tiempos post-alfa.
  • Iba caminando por Viamonte, a la altura de Rodríguez Peña, un día normal a eso de la una de la tarde, cuando de repente oí a un tipo cantando “Cielito lindo” a voz en grito, una canción que yo me sabía entera cuando era niño y con los años llegué a detestar. Lo extraño no fue que un tipo la cantara en el centro de Buenos Aires, sino que se le sumaran otros. Al cabo de un momento, había cuatro tipos gritando “Cielito lindo”, pero como por falta de solidaridad, cada uno a su bola, sin cuadrarla con los demás. El desafine era ideal, como para una obra de Tatanian.
  • Me tumbé en la cama a leer. De pronto me entraron unas ganas increíbles de tomarme un whisky. Hace tiempo que dejé los alcoholes fuertes, aunque de vez en cuando me tomo algo, con mucha moderación. Ahí echado en la cama, con el libro en la mano, me puse a imaginar el whisky: cómo me quemaba la boca y la garganta con el primer trago; ese escalofrío que te da; como se va diluyendo el alcohol en el agua del hielo que se derrite; el frío en la mano; el último trago del whisky ya aguado. ¡Era como si me lo hubiera tomado de verdad! Lo jodido vino después: me apetecía OTRO.
  • Entre las ciencias que no triunfaron, está (mi favorita) la frenología, según la cual, los bultos y formas que uno tiene en el cráneo aportan información fidedigna de su carácter. Es algo así como la astrología, pero portátil. A menos que a uno le dé por no llevar la cabeza consigo, o por tenerla tan grande y pesada que, de hecho, debe dejarla en casa cada vez que sale. Cuando estaba en la universidad, monté un club de frenología, del cual, como cabe esperar, yo era el único miembro. Pero el club era oficial y recibía, cada semestre, una pequeña subvención, igual que cualquier otro club. Esta foto es del escaparate de un anticuario en San Telmo. No tengo dinero, y no suelo ya comprar tarugadas, ni no tarugadas, pero en este caso haría una excepción.
  • Fui con Alber Méndez a tomar un café, pero antes lo acompañé a hacer unos pagos en una oficina del Banco Ciudad. No había mucha gente. Mientras él iba a la ventanilla, yo me quedé sentado en la zona de espera. En otra ventanilla había un anciano, medio hecho polvo, cobrando la mensualidad de la jubilación, o eso me imaginé al verlo contar los billetes. El viejo se dio cuenta de que lo miraba, vino directo hasta mí y con un acento claramente italiano se puso a contarme una historia. Bueno, tenía acento y además problemas físicos con el habla, probablemente secuelas de una embolia. Al parecer, él, de joven trabajaba de mecánico en Villa Martelli. Ahí había un carterista chileno al que por su destreza llamaban Manita. Un turista fue a la comisaría a denunciar el robo de su billetera. El comisario ordenó que le trajeran inmediatamente a Manita. El carterista, presionado, devolvió la billetera con todo dentro. El comisario le sugirió que no robara a los pobres (o a la clase media) sino a los que tenían dinero de verdad: ese altruismo. Pero no soltó a Manita. El comisario le mostró que se guardaba la billetera en el bolsillo de atrás del pantalón y le dijo al carterista que no se podía ir hasta que no le sacara la cartera a él. Una broma, ¿no? El comisario andaba por la comisaría, arreglando un asunto y otro, y cuando llegó la hora de comer, le dijo a uno de los agentes que fuera a buscar unas pizzas; se llevó la mano a la billetera y descubrió que no la llevaba. Llamó a Manita, que estaba sentado en la recepción y le dijo que se la devolviera, con rabia. Le preguntó si tenía algo que decir a su favor, y Manita dijo, “Es mi oficio, comisario.” El viejo mecánico que me contó la historia en el banco llevará, ¿cuánto?, ¿50 años riéndose de esto?
  • Caminando por Recoleta, me encontré con la verdad absoluta. O al menos con parte de ella. Un ingeniero que se apellidaba Dagnino, dañino. Sólo cabe esperar que su hermano no fuera médico.

3 Respuesta a "Apuntes del natural 8"

  1. Bonjour Juliette dice:

    ¡ Hola ! Estoy aqua realmente de casualidad, y descobri que tienes una fotografìa muy muy muy similar a una mia, que la saco hace unos dìas… Si quieres verla, es en mi blog…

  2. Roger dice:

    No sé a qué foto te refieres. ¿Puedes enviármela?

  3. Juan dice:

    La pintada de la 1ra foto es de una cancion de Las Pastillas del Abuelo llamada “Lo más lindo”
    Saludos!

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