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Siempre se discute acerca de la propiedad privada en cuanto se habla de destrucción de patrimonio: si es mío, ¿por qué no puedo hacer con ello lo que me de la gana? Un aspecto de esta difícil cuestión que hay que tomar en cuenta es que el patrimonio es de todos. Y una parte importante de ese patrimonio es el placer de caminar por, o vivir en calles bordeadas por edificios bellos, o por lo menos, interesantes. Esto afecta directamente al ánimo de los ciudadanos, a su orgullo, a su placer, a su manera de estar y vivir en la ciudad. Si no respetamos este aspecto de la vida ciudadana, tarde o temprano nos tendremos que enfrentar a la disolución de otras relaciones, y los valores siempre son relacionales (que no significa relativos).
Nos relacionamos de muchas maneras con nuestro entorno. Cómo lo hacemos se traduce en los valores que todos aceptamos como válidos para la convivencia. Si se permite la destrucción del entorno arquitectónico, del ambiente en el que nos relacionamos, no cuesta mucho empezar a destruir otras relaciones. Después nos quejamos de la falta de diálogo, de la violencia, de la desconfianza, de la inseguridad en sus varias facetas: la jurídica, la personal, la económica.
Como hombre de teatro sé que se puede actuar sobre cualquier tipo de escenario. Pero también sé que unos escenarios propician la actuación mejor que otros. De nuevo, estoy hablando de la relación con el entorno físico y entre las personas. Un actor no trabaja de la misma manera en el subte que en un anfiteatro romano. Las cosas se dicen de manera distinta en un sitio y otro. La ciudad es el escenario que construimos con el tiempo para poder decir nuestras vidas.
Si entendemos la ciudad como red, queda claro que no se puede romper algo así como así. Que cualquier ruptura afectará la manera en que nos enlazamos dentro de nuestra propia red y entre las innumerables otras redes que la ciudad crea.
Cuando hablamos de patrimonio siempre estamos enfrentando el conflicto entre lo público y lo privado. Un edificio que ocupa espacio en mi ciudad es privado en los términos que conocemos (pertenece a una o varias personas), pero también es público en el sentido de que está en la ciudad y todos entramos en alguna clase de contacto con él, aunque sólo sea visual. El arquitecto es responsable de las relaciones que crea a base de la estructura que ha diseñado. Esto se olvida a menudo, y los arquitectos diseñan y construyen solamente para quien les paga y para su propio ego. Hay acciones más destructivas de lo urbano y de lo ciudadano, pero esta siempre será una de las principales.
De la misma manera que nos preocupamos por el medio ambiente (en cuanto naturaleza), también debemos preocuparnos del ambiente urbano. Cómo vivimos depende de ello.


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