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El otro día, caminando por el Once, de repente me entró una gran alegría. ¡Era el comercio, el tráfico, el tráfago, el movimiento, tanta gente! Era como si estuviera en algún lugar contado por un viajero antiguo, algún mercado del Mediterráneo oriental.
Y sí, buena parte de lo que venden es mercancía bastante cutre, pero ¿qué más da? El comercio tiene un aspecto épico que siempre me ha gustado. Marco Polo era comerciante, aunque en su caso se dice mercader, que suena como algo de más prestigio. Las grandes caravanas y las grandes flotas con sus largos viajes (anteriores a la revolución industrial) eran empresas casi heroicas que existían gracias al comercio, siempre un elemento de apertura y de intercambio cultural. Siempre. La verdad es que no siento ese desdén de la aristocracia y de buena parte de la izquierda por las clases comerciales. El comercio es una suerte de conversación, y en sus mejores circunstancias sirve para acercar a personas de distintas provenencias; sirve para que se entiendan. Es una forma de aproximación al Otro. Las rutas comerciales siempre lo han sido, también, de la información y del encuentro.

He puesto una foto antigua del puerto de Buenos Aires para ilustrar esa idea de intercambio, tanto de mercancías como de ideas, y de las personas que comercian con ambas.

Por cierto, hay un blog sobre antiguos comercios de la ciudad que no está nada mal. Es Comercios Porteños (lo tengo también en el feevy, aquí al lado, que permite ver su última actualización).


2 Respuesta a "A vueltas con el comercio"

  1. Enrique dice:

    Buenos Aires sorprende cada tanto con sus caóticos mercados. Algunos llevan siglos en el mismo lugar y otros son apenas combustiones espontáneas de fin de semana. En cualquier caso, da gusto ver a la gente circulando con mirada de financista, sopesando la mercadería y dándole charla al comerciante. El Once es nuestro gran bazar. Slds.

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