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El dibujo en ArteBA

may 30, 07:31

Las ferias de arte son eventos comerciales, y desde su inicio en Colonia (la de Alemania) en 1967, siempre lo han sido. Se puede decir que en una feria cualquier obra presentada que no parezca comercial, o fácil de vender, va contra la corriente. Pero yo he cambiado de opinión acerca de esto en los últimos meses: esa obra aparentemente fuera de mercado no va contra el espíritu de la feria, busca ampliarlo, abrir un mercado nuevo. Hay quien se enoja con esto, claro, y piensa que el artista debe mantenerse puro. Y eso es verdad, hasta que nos damos cuenta de que así condenamos al artista (por amor) al hambre. O decidimos, de facto, que sólo los que ya son ricos pueden hacer arte que eluda la cuestión de mercado.
En todo caso, en los últimos meses, me he enterado de unas cuantas iniciativas para renovar el interés y el mercado del dibujo, y que no tratan el dibujo como hermano menor de la pintura, sino como un arte en toda regla. Dos de esas iniciativas no están en la feria: “La línea piensa” y Ni un día sin una línea. Y dos de ellas sí lo están: SAPO y El club del dibujo (de Rosario).

Anoche estuvieron dibujando en El club del dibujo dos amigos míos: Ral Veroni y Diego Bianki. No sé si uno puede aprender mucho sobre el proceso creativo en esta clase de eventos, pero sí que resulta divertido ver a grandes dibujantes en pleno trabajo.












Y éste es el calendario de dibujantes para toda la feria:


ArteBA

may 27, 17:55

Últimamente no he aparecido por este blog, y pido disculpas. He estado ocupado en cuestiones de trabajo que me han impedido mis habituales exploraciones de la ciudad. Ese trabajo tiene que ver con el arte contemporáneo: escribir sobre lo que me interesa, explicárselo a quien se interese y también participar en el aspecto comercial: vender obra. Y como se viene ArteBA, la feria de arte contemporáneo de Buenos Aires, pues he estado a mil preparándome para poder dar el mejor servicio a mis clientes.

La feria empieza mañana, miércoles a las 13 horas, y dura hasta el lunes a las 10 de la noche. Vale la pena darse una vuelta. Los artistas muchas veces, algunas individual y otras colectivamente, están a la vanguardia de cómo veremos y entenderemos el mundo en los años venideros, tanto en lo intelectual como en lo espiritual o, incluso, en lo comercial. No quiero decir que sean una especie de chamanes, pero sí que su trabajo es detectar lo que fluye por debajo de la piel de la sociedad y mostrarlo.

En los próximos días iré colgando aquí algunas sugerencias sobre lo que me parece que hay que ver en la feria. En Paseante Extranjero, mi otro blog, escribiré de manera más específica sobre los artistas que me más interesen.

Espero que esto les sea de alguna utilidad si visitan la feria.


No hace mucho hablaba con el artista Daniel Juárez y en la conversación apareció el tema de las revistas de arte, de cómo aquí no se produce ninguna que sea atractiva, crítica e informativa todo a la vez. Entonces me recordó de un sitio que yo había olvidado, pero donde se encuentra material extranjero de la mejor calidad, sobre todo en revistas de arte y de diseño. Es el kiosco que hay delante del Hotel Alvear en la avenida del mismo nombre, esquina con Ayacucho.
Ahí estuve hablando con el dueño, Romeo Leandro, cuyos padres establecieron el kiosco hace 43 años. Romeo, que tiene 35, lleva trabajando ahí desde los 14, ¡21 años! Así que conoce el negocio de las revistas de importación al dedillo.
Evidentemente son caras, pero según los intereses de cada quien, o su trabajo, en realidad vale la pena invertir en conocer lo que está pasando en otras partes del mundo. Lo que a mí más alegría me dio fue encontrar dos de mis revistas favoritas: The New Yorker, que es la cartelera de Nueva York, a la vez que una revista literaria, y Artforum, revista de actualidad sobre el mundo del arte, pero también con un contenido crítico y teórico bastante serio. Lo bueno de vivir en una gran ciudad es que si uno busca, encuentra lo que necesita.


Es difícil encontrar información sobre el edificio en Marcelo T. de Alvear 1840. Yo estuve ahí para echarle un ojo al mural de Quinquela Martín que aparece aquí.
El edificio es bastante grande y se le nota el desgaste. Hoy alberga los juzgados de lo comercial y eso significa que por sus puertas han de pasar cientos de personas al día… ¿o miles? Antes de eso perteneció a Aguas Argentinas, que cuando fue privatizada lo cedió al estado. Aguas Argentinas lo había heredado de la antigua Obras Sanitarias. De ahí el mural de Quinquela, que tiene como tema y título “La construcción de desagües” (9 × 7m), y preside la escalera que de la entrada del edificio por Marcelo T. de Alvear 1860. Lo único previo que he logrado saber es que el edificio fue residencia del presidente Alvear, que lo donó al Estado. Mi cámara no da para sacarle una foto decente, o que muestre algo, y tampoco encontré nada en la red. Lo único que está claro es que la calle se llama así por esto.


Mauro Giaconi

abr 27, 05:47

Hace un año que vivo en Buenos Aires; al poco tiempo de llegar le comenté a alguien que aquí se vive como en España en el 2000. Cuando me mudé a España en el 92, se me ocurrió que aquello era como Estados Unidos, de donde venía, en el ochenta y pico. Tiene que ver con el acceso al conocimiento. La internet ha mejorado mucho las cosas, pero no se ha logrado superar del todo la barrera socioeconómica que separa a muchas personas del conocimiento, de la información y de las herramientas de interpretación que hacen falta para salir adelante en el mundo contemporáneo. Hacía tiempo que no pensaba en esto—hasta que pasé hace unos días por Zavaleta Lab y vi la exposición de Mauro Giaconi.

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Jorge Fantoni

mar 1, 23:30

Hace un par de noches, Ral Veroni, Pepe Martín y yo le hicimos una visita (botellas de vino bajo el brazo) al dibujante Jorge Fantoni. La conexión es la siguiente: ellos tres se conocen desde hace un montón de años, de los ochenta-noventa y la movida del cómic underground, las revistas experimentales, los fanzines, esa que se dio a nivel mundial y yo vi desaparecer en España (no por completo, es verdad) con el advenimiento de internet, que absorbió buena parte de las iniciativas de este tipo. Aquí, me cuentan, también tuvo mucho que ver que todo se fuera al garete con la crisis de principios de los dosmil. Pero Fantoni es un resistente. Se ha buscado la vida como bien ha podido, y todo para no dejar de dibujar. Una impresión que tengo es que Argentina sufre una crisis de valores que viene de lejos—una instancia de esto queda clara cuando comparamos el reconocimiento que reciben muchos dibujantes del underground (comenzando por R. Crumb), mientras que aquí, a sus pares se les deja languidecer en el olvido. Así se mueren los países y las culturas—con esos olvidos—y admito que lo digo con un poco de rabia…

En fin, vuelvo a la tertulia con Fantoni. El tío me dio la impresión, desde un principio, de que considera que la exactitud en el dibujo coincide con la exactitud en la expresión (una versión del perfeccionismo). Esto puede parecer evidente, y si lo es, que alguien vaya y se lo explique a unos cuantos. A lo largo de los años, he tenido la suerte de conocer a esta clase de obsesivos por la exactitud en muchos campos del arte, y creo que son esa clase de artistas que prefieren hacer lo que tienen que hacer antes que perder el tiempo en busca de la fama (y la pasta). Me inspiran un gran respeto estos artistas (y muchas veces también como personas), aunque a veces no esté de acuerdo con sus ideas o su estilo.

Fantoni es, además, una especie de recluso, tímido y callado. Casi tuvimos que recurrir a la extorsión para que nos mostrara sus trabajos. Los primeros que vi son unos discos de vinilo, inútiles ya (más por la música que llevan grabada que por la cuestión tecnológica) sobre los que fantoni pinta, añadiendo al final el mecanismo de un reloj. Se me ocurre que se podría haber ahorrado el reloj, dejándolos simplemente con la pintura, pero creo que esta mentalidad utilitaria encaja bien con la de un dibujante de historietas; al fin y al cabo, en el cómic, el dibujo está al servicio del guión, y viceversa, lo cual tiende a proscribir esa clase de idealismo que los puristas, como exigiendo una esterilidad general, tanto defienden. Porque si la escritura y el dibujo están al servicio uno del otro, ambos son utilitarios con respecto al otro—aunque el trabajo final no lo sea.

Fantoni es, también, el autor de un cómic por entregas que se puede ir leyendo por internet: El Chorinauta, la historia (semiautobiográfica) de un hombre-cerdo que viaja a través del tiempo y entre mundos paralelos. La referencia al Eternauta resulta clara, pero el Chorinauta tiene su propia originalidad… sus propios recursos. Vale la pena echarle un vistazo, seguro que os engancháis y os convertís en fans (como me ha sucedido a mí).

[ Nota: Veroni me contó por teléfono que Fantoni vende los discos, claro, pero sin hacer esfuerzo comercial ninguno. Esa timidez que tiene, su preocupación más por su arte que por el comercio. Buenos Aires necesita buenos empresarios del arte, uno de los grandes recursos naturales que tiene la Argentina, y que está infraexplotado. (Lo digo por si alguien anda en busca de ideas para poner en marcha un negocio.) Una de las cosas que me hizo gracia de Fantoni es que entrega sus discos en cajas de pizza. En la reunión también hablamos del libro que Pepe Martín está preparando sobre estos discos. Cuando salga, escribiré un post para hacerle publicidad.]




Anoche estuve en la inauguración de la exposición de Pepe Martín. En broma le dije que lo suyo era drip-painting con dibujitos. Para mi sorpresa se lo tomó con el mismo sentido del humor con el que yo lo decía. Los artistas, especialmente en las inauguraciones, brillan por la falta de sentido del humor en lo referente a su obra.
Los cuadros de Pepe tienen una intensidad que sorprende a primera vista y sigue sorprendiendo conforme uno los mira y absorbe. En realidad, tienen dos intensidades que operan en conjunto para llegar con toda su fuerza al espectador. Una es el tema: el boxeo. Las figuras delatan toda la fuerza y la emoción de ese deporte que a tantos da asco por su violencia (precisamente porque consiguen su dósis de violencia espectacular en los telediarios y en el cine).

La otra intensidad proviene de las manchas de color, que aportan movimiento y, por eso, la sensación de que algo va a pasar, está pasando, ha pasado pero todavía no termina de pasar. En otras palabras, acción, y mucha.
Son cuadros que a primera vista parecen abstractos, a segunda figurativos y a tercera una mezcla de las dos cosas. Creo que esa es la intensidad combinada que quiero describir.
Se pueden ver en Espacio Y hasta el 30 de agosto.



Sigo sin salir de España. Pero sí que me voy aproximando a la Argentina.
Mañana, jueves, a la 19:30, en la Casa de América (Madrid), se presentan tres propuestas en una: Memoria: a 30 años del golpe militar. Se refiere al golpe de estado de 1976 en Argentina. Estarán Carmen Calvo, Ministra de Cultura de España, y José Nun, Secretario de Cultura de la República Argentina.

La primera propuesta parte de una canción de León Gieco, La memoria, y cuenta con obras de Carlos Alonso, Susana Beibe, Remo Bianchedi, Blas Castagna, Diana Chorne, Diego Dayer, Fernando Fazzolari, León Ferrari, Daniel García, Jorge González Perrin, Carlos Gorriarena, Leonel Luna, Eduardo Molinari, Sergio Moscona, Luis Felipe Noé, Omar Panosetti, Pérez Celis, Ernesto Pesce, Provisorio Permanente, Miguel Rep, Daniel Santoro, Mariano Sapia, Mariana Schapiro, Clorindo Testa, Carlos Trilnick y Luis Wells.

La segunda propuesta es un ensayo fotográfico de Inés Ulanovsky:, titulado Fotos tuyas.

Y la tercera es una colección de fotografías inéditas de tiempos de la dictadura, comisariada por Alejandro Reynoso y Pablo Cerolini, titulada En negro y blanco.