Verano en Buenos Aires y otras noticias
ene 19, 12:50
Pasa en todas partes, que llega el verano y mucha gente se larga de vacaciones. El vacacionismo es nuestra verdadera religión, una que promete el paraíso en la Tierra, aunque sólo sea por unos días. Con una parte importante de la población en busca del Edén, Buenos Aires se ha quedado si no vacía, sí muy tranquila, excluido el ajetreo malhumorado del resto del año. Casi me veo tentado (seguramente por el demonio de la ironía) a decir que Buenos Aires por estas fechas es cuando está más cerca de su propio ideal.
Hay menos humos de colectivos y camiones; y es como si también se hubiera reducido el nivel de contaminación publicitaria y futbolística. Por Buenos Aires siempre se puede pasear, pero ahora más y mejor. En las zonas comerciales, la clientela, no toda emigrada a las playas y otras zonas de placer espiritual, no escasea pero tampoco se aglomera, así que a quien le guste ir de compras o de escaparates, encontrará mayor comodidad e incluso amabilidad en el personal de ventas. Esto no es más que una suposición por mi parte, ya que soy una especie de anti-consumidor. Nunca he considerado salir de compras una opción de ocio, sino un trabajo en el que uno paga por trabajar. Por ejemplo, la gente que usa ropa con la marca bien visible, ¿no está pagando por hacerle publicidad a otro?
Hace casi un año que no veo la tele. Este verano espiritual prolongado, si tengo suerte, durará indefinidamente. Ayer, el calor y la humedad fueron tan agobiantes como un programa de Tinelli, con la diferencia de que en la tele hay muchas menos tormentas que reduzcan la temperatura ambiente, y rara es la brisa que proporcione un alivio, algo fresco que ayude a sobrellevar el tedio estival en el que siempre vive la caja lista. Ahora voy a ponerme lírico, o por lo menos hudsoniano: ¡ojalá y en la tele hubiera algún ombú bajo el cual sentarse a disfrutar de la sombra y unos mates con gente interesante y conversadora! Fin del lirismo.
Unos amigos tuvieron la extrema buena voluntad de invitarme a su casa en Pinamar a pasar unos días. Yo mostré mi habitual reticencia ante toda religión ajena. Además, ¿por qué salir de la ciudad cuando mejor se está en ella? Pero me evangelizaron con eficacia, diciendo que comeríamos bien, conversaríamos y podía llevarme varios libros y no sentir la necesidad de salir de ellos por mostrarme cortés. Iré en febrero.
He aquí una lista provisional de mis lecturas vacacionales:
- Mansilla, Lucio V. Una excursión a los indios ranqueles
- McGrath, Cambell. Seven Notebooks
- Ortiz, Juan L. El Gualeguay
- Rivera, Andrés. Cuentos escogidos
- Schuyler, James. Collected Poems
- Shell, Marc. The Economy of Literature
- Warhol, Andy. Popism





